DEBEMOS conceder a las
Escrituras mayor valor del que les hemos concedido, porque en ellas está
revelada la voluntad de Dios a los hombres.
NO ES
SUFICIENTE asentir meramente a la veracidad de la Palabra de Dios, sino que debemos
escudriñar las Escrituras para aprender lo que contienen.
¿Recibimos la Biblia como el "oráculo de Dios"?
Es
tan realmente una comunicación divina como si sus palabras nos llegasen con voz
audible.
NO CONOCEMOS su carácter
precioso, porque no obedecemos sus instrucciones.
HAY MALOS ÁNGELES que trabajan en todo nuestro derredor, pero porque no discernimos su
presencia con nuestra visión natural, no consideramos como debiéramos la
realidad de su existencia, según está presentada en la Palabra de Dios.
SI NADA de lo
contenido en las Escrituras resultase difícil de comprender, el hombre, al
escudriñar sus páginas, se llenaría de orgullo y suficiencia propia.
NUNCA es lo mejor
para uno creer que entiende todas las fases de la verdad, porque no es así.
POR LO TANTO, no se lisonjee nadie de que tiene una comprensión correcta de todas las
porciones de la Escritura, ni piense que es su deber hacer a todos los demás
comprenderlas como él las entiende.
DESTIÉRRESE EL ORGULLO INTELECTUAL. Alzo mi voz en amonestación contra toda especie de orgullo espiritual que
abunda en la iglesia hoy. 2JT 205
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