martes, 31 de marzo de 2026

03. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE” (EGW) ENLACES

 

III. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE”

01. CRISTO TOMO SOBRE SI LA NATURALEZA HUMANA.

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02. EL NACIMIENTO DE CRISTO ES UN MISTERIO INSONDABLE.

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03. DOS NATURALEZAS COMBINADAS EN UNA SOLA.

https://escritoestamhp.blogspot.com/2026/03/03-dos-naturalezas-combinadas-en-una.html

04. EL ESPÍRITU ESTABA EN CRISTO DESDE SU JUVENTUD.

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05. JESÚS, RECIBE LA SEGURIDAD DE SU CALIDAD DE HIJO.

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06. JESÚS NUESTRO EJEMPLO.

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07. NOS MOSTRÓ COMO VENCER LA TENTACIÓN.

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08. HEMOS ENCONTRADO AL MESÍAS.

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09. HERMANO DE PECADORES Y SANTOS.

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10. UN EJEMPLO DE OBEDIENCIA.

https://escritoestamhp.blogspot.com/2026/03/10-un-ejemplo-de-obediencia-iii-exaltad.html

11. MISERICORDIA CON LOS ENDEMONIADOS.

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12. DEBEMOS CREER EN ÉL.

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13. ÉL, ES EL SOL DE JUSTICIA.

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14. SIEMPRE ESTA CERCA DE NOSOTROS. https://escritoestamhp.blogspot.com/2026/03/14-siempre-esta-cerca-de-nosotros-iii.html

15. EL COMPRENDE NUESTRAS MOTIVACIONES.

https://escritoestamhp.blogspot.com/2026/03/15-el-comprende-nuestras-motivaciones.html

16. SU COMPASIÓN.

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17. SIMPATÍA PARA TODOS.

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18. UNA FUENTE DE PLACER Y REGOCIJO.

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19. SIEMPRE HAY QUE PRESENTAR LA PALABRA DE DIOS.

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20. PROCÚRESE LA AYUDA DE JESÚS, NO LA DE HOMBRES PECADORES.

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21. JESÚS ES EL PRÍNCIPE DE PAZ.

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22. LA TERNURA INIGUALADA DE CRISTO.

https://escritoestamhp.blogspot.com/2026/03/22-la-ternura-inigualada-de-cristo-iii.html

23. HASTA ALCANZAR LA PERFECCIÓN.

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24. NUESTRO HERMANO MAYOR NOS CONCEDE REPOSO.

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25. ACEPTÉMOSLO COMO NUESTRO AMIGO INTIMO.

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26. EN TODO LO QUE HIZO SE VE ORDEN Y PERFECCIÓN.

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27. EXALTEMOS AL SALVADOR RESUCITADO.

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28. ASCENDIÓ A LOS CIELOS EN FORMA HUMANA.

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29. GLORIFICADO ANTE EL UNIVERSO.

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30. EN LOS BRAZOS DEL PADRE.

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31. A LA DIESTRA DE DIOS.

https://escritoestamhp.blogspot.com/2026/03/31-la-diestra-de-dios-iii-exaltad-jesus.html

AUDIO. https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVvtachOIzfRz1TZzFD26ShY&si=JsnOx_La9A1d40U5



31. A LA DIESTRA DE DIOS. III. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE”

 

…He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. (Hechos 7:56).

Esteban, el más destacado de los siete diáconos, era un hombre de profunda piedad y de gran fe... A medida que los sacerdotes y los gobernantes observaban el poder que acompañaba a la predicación de Esteban, se llenaron de amargo odio. En lugar de ceder ante las evidencias que presentaba, decidieron acallar su voz condenándolo a muerte...

Los sacerdotes y gobernantes no podían prevalecer contra la sabiduría tranquila y clara de Esteban. Decidieron hacer de él un ejemplo público y, mediante el temor, impedir que otros adoptaran sus creencias, mientras al mismo tiempo satisfacían su odio vengativo. Se contrataron testigos para que dieran el testimonio falso de que lo habían oído hablar palabras blasfemas contra el templo y la ley...

Cuando Esteban fue cuestionado acerca de la veracidad de los cargos que se le hacían, comenzó su defensa con una voz clara y vibrante que resonaba por la sala del concilio... Percibió la resistencia que encontraban sus palabras y comprendió que estaba dando su último testimonio.

Cuando conectó a Cristo con las profecías y se refirió al templo como él lo había hecho, el sacerdote rompió sus vestidos, pretendiendo estar horrorizado. Para Esteban, esta acción fue un indicio de que su voz quedaría silenciada para siempre. Aunque estaba a la mitad de su sermón, lo concluyó abruptamente...

 El prisionero leyó su suerte en los rostros crueles que lo rodeaban, pero no flaqueó. El temor de la muerte lo había abandonado. Los sacerdotes rabiosos y la turba embravecida no observaron terror en él. La escena que tenía ante su vista se desvaneció.

Para él las puertas del cielo estaban abiertas de par en par, y al mirar hacia adentro vio la gloria de los atrios divinos, y a Cristo, como si acabara de levantarse de su trono, listo para sostener a su siervo que se encontraba a punto de sufrir el martirio por su causa. Entonces Esteban exclamó con palabras triunfantes: "…He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios" (Hechos 7:56).

La descripción de la escena gloriosa que se desarrollaba delante de él era más de lo que sus perseguidores podían soportar. Tapándose los oídos para no escuchar más sus palabras, y profiriendo fuertes gritos, se abalanzaron furiosamente contra él movidos por una misma intención. 

"Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió" (Hechos 7:59-60).

El sello de Dios se veía en el rostro de Esteban, y sus palabras, que penetraron en las mismas almas de los que las escucharon, permanecieron en las mentes de los observadores y dieron testimonio de la verdad acerca de la cual había hablado. (Review and Herald, 23 de febrero, 1911). EJ 99

AUDIO. https://youtu.be/tZ07X825CRM


lunes, 30 de marzo de 2026

30. EN LOS BRAZOS DEL PADRE. III. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE”

 

…Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. (Juan 20:17.

Desde antes que fueran echados los cimientos de la tierra, el Padre y el Hijo se habían unido en un pacto para redimir al hombre en caso de que fuese vencido por Satanás. Habían unido sus manos en un solemne compromiso de que Cristo sería fiador de la especie humana. Cristo había cumplido este compromiso.

Cuando sobre la cruz exclamó: "…Consumado es", se dirigió al Padre. El pacto 

había sido llevado plenamente a cabo. Ahora declara: Padre, consumado es. 

He hecho tu voluntad, oh Dios mío. He completado la obra de la redención. Si tu justicia está satisfecha, "…aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo…" (Juan 19:30; 17:24).

Se oye entonces la voz de Dios proclamando que la justicia está satisfecha. Satanás está vencido. 

Los hijos de Cristo, que trabajan y luchan en la tierra, son "…aceptos en el Amado" (Efe. 1:6).

Delante de los ángeles celestiales y de los representantes de los mundos que 

no cayeron, son declarados justificados. Donde él esté, allí estará su iglesia. 

"La misericordia y la verdad se encontraron:

 la justicia y la paz se besaron" (Sal. 85:10). 

Los brazos del Padre rodean a su Hijo, y se da la orden: 

"…Adórenlo todos los ángeles de Dios" (Heb. 1:6).

Con gozo inefable, los principados y las potestades reconocen la supremacía del Príncipe de la vida. La hueste angélica se postra delante de él, mientras que el alegre clamor llena todos los atrios del cielo: 

"¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la 

sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!" (Ver Apoc. 5:12).

Los cantos de triunfo se mezclan con la música de las arpas angelicales, hasta que el cielo 

parece rebosar de gozo y alabanza. El amor ha vencido. Lo que estaba perdido se ha hallado.

El cielo repercute con voces que en armoniosos acentos proclaman: …Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. (Apoc. 5:13).

Desde aquella escena de gozo celestial, nos llega a la tierra el eco de las palabras admirables de Cristo: "…Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Juan 20:17).

La familia del cielo y la familia de la tierra son una. Nuestro Señor ascendió para nuestro bien y para nuestro bien vive. "Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Heb. 7:25). (El Deseado de todas las gentes, págs. 774-775). 

EJ 98

AUDIO. https://youtu.be/xGGrN1Hbp7I


domingo, 29 de marzo de 2026

29. GLORIFICADO ANTE EL UNIVERSO. III. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE”

 

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado

 la obra que me diste que hiciese. (Juan 17:4).

Al resucitar a Cristo de los muertos, el Padre glorificó a su Hijo delante de la 

guardia romana, delante de las huestes satánicas, y delante del universo celestial.

 Un ángel poderoso descendió, vestido con la panoplia del cielo, ahuyentando las tinieblas a su paso, y después de romper el sello romano hizo rodar la piedra del sepulcro como si hubiera sido un pedrusco, deshaciendo en un instante el trabajo que había realizado el enemigo. Se oyó la voz de Dios que llamaba a Cristo de su prisión.

La guardia romana vio a los ángeles celestiales postrarse reverentemente delante de Aquel a quien ellos habían crucificado, en tanto que el Señor proclamaba sobre el sepulcro abierto de José: "Yo soy la resurrección y la vida".

¿Podemos sorprendernos ante el hecho de que 

los soldados cayeran en tierra como muertos?

 La ascensión de Cristo al cielo, en medio de una nube de ángeles celestiales, lo glorificó. 

Su gloria encubierta brilló con todo el fulgor que el hombre mortal podía soportar y vivir.

Vino a este mundo como hombre; ascendió a su hogar celestial como Dios. Su vida humana estuvo llena de tristeza y dolor, debido al cruel rechazo que sufrió de parte de aquellos a quienes vino a salvar pero al hombre se le permitió verlo fortalecido, al observar su ascensión gloriosa y triunfal rodeado por una hueste de ángeles.

Al mismo ser celestial que anunció su advenimiento al mundo se le permitió asistirle en su ascensión, y demandar una entrada triunfal para el Ser real y glorificado: "Alzad, oh puertas, vuestras cabezas…-exclaman al acercarse a los portales celestiales-... ¿Quién es este Rey de gloria?" Y de millares y diez millares de voces procede la respuesta: "Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla" (Sal. 24:7-8),

De ese modo fue contestado la oración de Cristo. Fue glorificado con la gloria que tenía con su Padre antes que el mundo fuese. Pero en medio de esta gloria Cristo no pierde de vista a los suyos que trabajan y luchan sobre la tierra.

Tiene que hacerle un pedido a su Padre. Le pide a la hueste celestial que se aparte hasta que él queda en presencia directa de Jehová, y entonces le ofrece su petición en favor de sus escogidos. "Padre -le dice-, aquellos que me has dado, quiero que donde yo esté, también ellos estén conmigo…"(Juan 17:24).

Entonces el Padre declara: "…Adórenle todos los ángeles de Dios" (Heb. 1:6). La hueste celestial se postra delante de él y eleva un canto de triunfo y de regocijo. La gloria rodeó al Rey del cielo y fue vista por todas las inteligencias celestiales.

Las palabras no pueden describir la escena que tuvo lugar cuando el Hijo de Dios fue reinstaurado públicamente al lugar de honor y gloria al cual había renunciado voluntariamente cuando aceptó la humanidad. (Signs of the Times, 10 de mayo, 1899). 

EJ 97

AUDIO. https://youtu.be/G2cHfevjnfU


sábado, 28 de marzo de 2026

28. ASCENDIÓ A LOS CIELOS EN FORMA HUMANA. III. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE”

 

…Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido 

tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. (Hech. 1:11).

Mientras los discípulos estaban todavía mirando hacia arriba, se dirigieron a ellos unas voces que parecían como la música más melodiosa. Se dieron vuelta, y vieron a dos ángeles en forma de 

hombres que les hablaron diciendo: 

"Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? este 

mismo Jesús... así vendrá como le habéis visto ir al cielo".

Estos ángeles pertenecían al grupo que había estado esperando en una nube resplandeciente para escoltar a Jesús hasta su hogar celestial. Eran los más exaltados de la hueste angélica, los dos que habían estado con él durante toda su vida en la tierra.

Todo el cielo había esperado con impaciencia el fin de la estada de Jesús en un mundo afligido por la maldición del pecado. Ahora había llegado el momento en que el universo celestial iba a recibir a su Rey...

Cristo había ascendido al cielo en forma humana. Los discípulos habían centemplado la nube que le recibió. El mismo Jesús que había andado, hablado y orado con ellos; que había quebrado el pan con ellos; que había estado con ellos en sus barcos sobre el lago; y que ese mismo día había subido con ellos hasta la cumbre del monte de las Olivas, el mismo Jesús había ido a participar del trono de su Padre.

Y los ángeles les habían asegurado que este mismo Jesús a quien habían visto subir al cielo, vendría otra vez como había ascendido. Vendrá "con las nubes, y todo ojo le verá"... Bien podían los discípulos regocijarse en la esperanza del regreso de su Señor.

Los discípulos ya no desconfiaban del futuro. Sabían que Jesús estaba en el cielo, y que sus simpatías seguían acompañándolos. Sabían que tenían un Amigo cerca del trono de Dios, y anhelaban presentar sus peticiones al Padre en el nombre de Jesús...

 Extendían siempre más alto la mano de la fe, con el poderoso argumento: "Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó... el que también intercede por nosotros" (Rom. 8:34). 

Y el día de Pentecostés les trajo la plenitud del gozo con la presencia del Consolador, 

así como Cristo lo había prometido. (El Deseado de todas las gentes, págs. 771-772).

 EJ 96

AUDIO. https://youtu.be/yKqizQMrrwg


viernes, 27 de marzo de 2026

27. EXALTEMOS AL SALVADOR RESUCITADO. III. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE”

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; 

primicias de los que durmieron es hecho. (1 Cor. 15:20).

Había llegado el tiempo en que Cristo había de ascender al trono de su Padre. Como conquistador divino, había de volver con los trofeos de la victoria a los atrios celestiales. Antes de su muerte, había declarado a su Padre: "He acabado la obra que me diste que hiciese". Después de su resurrección, se demoró por un tiempo en la tierra, a fin de que sus discípulos pudiesen familiarizarse con él, en su cuerpo resucitado y glorioso.

Ahora estaba listo para la despedida. Había demostrado el hecho de que era un Salvador vivo. Sus discípulos no necesitaban ya asociarle en sus pensamientos con la tumba. Podían pensar en él como glorificado delante del universo celestial.

Como lugar de su ascensión, Jesús eligió el sitio con tanta frecuencia 

santificado por su presencia mientras moraba entre los hombres...

Cristo estuvo sobre el monte de las Olivas, contemplando a Jerusalén con corazón anhelante. 

Los huertos y vallecitos de la montaña habían sido consagrados por sus oraciones y lágrimas. 

En sus riscos habían repercutido los triunfantes clamores de la multitud que 

le proclamaba rey. En su ladera había hallado un hogar con Lázaro en Betania.

En el huerto de Getsemaní, que estaba al pie, había orado y 

agonizado solo. Desde esta montaña había de ascender al cielo.

En su cumbre, se asentarán sus pies cuando vuelva. No como varón de dolores, sino como glorioso y triunfante rey, estará sobre el monte de las Olivas, mientras que los aleluyas hebreos, se mezclen con los hosanas gentiles, y las voces de la grande hueste de los redimidos hagan resonar esta aclamación: Coronadle Señor de todos...

Al llegar al monte de las Olivas, Jesús condujo al grupo a través de la cumbre, hasta llegar cerca de Betania. Allí se detuvo y los discípulos le rodearon. Rayos de luz parecían irradiar de su semblante mientras los miraba con amor.

No los reprendió por sus faltas y fracasos; las últimas palabras que oyeron de los labios del Señor fueron palabras de la más profunda ternura. Con las manos extendidas para bendecirlos, como si quisiera asegurarles su cuidado protector, ascendió lentamente de entre ellos, atraído hacia el cielo por un poder más fuerte que cualquier atracción terrenal.

Y mientras él subía, los discípulos, llenos de reverente asombro y esforzando 

la vista, miraban para alcanzar la última vislumbre de su Salvador que ascendía.

Una nube de gloria le ocultó de su vista; y llegaron hasta ellos las palabras: "He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo", mientras la nube formada por un carro de ángeles le recibía. Al mismo tiempo flotaban hasta ellos los más dulces y gozosos acordes del coro celestial. 

(El Deseado de todas las gentes, págs. 769-771). EJ 95

AUDIO. https://youtu.be/fn7R_Tbm2Gk

 

jueves, 26 de marzo de 2026

26. EN TODO LO QUE HIZO SE VE ORDEN Y PERFECCIÓN. III. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE”

 

Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. (Juan 20:6-7).

Un joven vestido de ropas resplandecientes estaba sentado al lado de la tumba. Era el ángel que había apartado la piedra. Había tomado el disfraz de la humanidad, a fin de no alarmar a estas personas que amaban a Jesús. Sin embargo, brillaba todavía en derredor de él la gloria celestial, y las mujeres temieron.

Se dieron vuelta para huir, pero las palabras del ángel detuvieron sus pasos. "No temáis vosotras -les dijo-; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos".

Volvieron a mirar al interior del sepulcro y volvieron a oír las nuevas maravillosas. Otro ángel en forma humana estaba allí, y les dijo: "…¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, más ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es menester que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día". (Luc 24:5-7).

¡Ha resucitado, ha resucitado! Las mujeres repiten las palabras vez tras vez. Ya no necesitan las especias para ungirle. El Salvador está vivo, y no muerto. Recuerdan ahora que cuando hablaba de su muerte, les dijo que resucitaría.

¡Qué día es éste para el mundo! Prestamente, las mujeres se apartaron del sepulcro 

y "con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos".

María no había oído las buenas noticias. Ella fue a Pedro y a Juan con el triste 

mensaje: "Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto".

Los discípulos se apresuraron a ir a la tumba, y la encontraron como había 

dicho María. Vieron los lienzos y el sudario, pero no hallaron a su Señor.

Sin embargo, había allí un testimonio de que había resucitado. Los lienzos mortuorios no habían sido arrojados con negligencia a un lado, sino cuidadosamente doblados, cada uno en un lugar adecuado, Juan "vio, y creyó". No comprendía todavía la escritura que afirmaba que Cristo debía resucitar de los muertos; pero recordó las palabras con que el Salvador había predicho su resurrección.

Cristo mismo había colocado esos lienzos mortuorios con tanto cuidado. Cuando el poderoso ángel bajó a la tumba, se le unió otro, quien, con sus acompañantes, había estado guardando el cuerpo del Señor.

Cuando el ángel del cielo apartó la piedra, el otro entró en la tumba y desató las envolturas que rodeaban el cuerpo de Jesús. Pero fue la mano del Salvador la que dobló cada una de ellas y la puso en su lugar.

A la vista de Aquel que guía tanto a la estrella como al átomo, no hay nada sin importancia. 

Se ven orden y perfección en toda su obra. (El Deseado de todas las gentes, págs. 732-733). 

EJ 94

AUDIO. https://youtu.be/7UYM32TKzYk