Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino
poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. (2 Ped. 1:3).
El mundo cristiano sólo comprende nebulosamente el plan de
salvación. El hombre, debido a la manera en que es enseñado actualmente por
hombres que pretenden poseer un conocimiento de las Escrituras, nunca puede
darse cuenta de los alcances de su condición caída y degradada; pero la misión
de Cristo revelará la verdad como se la ve en Jesús.
El hombre puede darse cuenta de las profundidades ha donde se ha hundido
únicamente al contemplar la admirable
cadena de redención usada para rescatarlo.
El grado de nuestra ruina se puede discernir únicamente a luz de la ley de Dios exhibida en la
cruz del Calvario. El maravilloso plan de
redención debe ser discernido en la muerte de Cristo.
Por su propia sabiduría el mundo no puede adquirir un
conocimiento correcto acerca del Dios
verdadero y viviente.
Cuando Cristo vino a este mundo, vistiendo su divinidad con la humanidad, el trato que recibió
de parte de las autoridades más elevadas de una nación que profesaba conocer a Dios, puso
totalmente de manifiesto el poder de la sabiduría y la razón humanas. Su razonamiento
no pudo formular
una idea correcta acerca de Dios a partir de sus obras y su forma de ser.
El ser humano puede llegar a vivir la ley
únicamente mediante la fe en Cristo, El hombre es incapaz de salvarse a sí
mismo, pero el Hijo de Dios pelea sus batallas en favor de él, y lo coloca en
un terreno ventajoso al concederle sus atributos divinos Y cuando el ser humano
acepta la justicia de Cristo, es hecho
participante de la naturaleza divina. Entonces puede guardar los mandamientos
de Dios y vivir.
Pedro dice: "Por medio de las
cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas
llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la
corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia" (2 Ped. 1:4).
La verdad, como está en Jesús, significa obediencia a cada precepto de Jehová. Es una obra del corazón. La santificación bíblica no es aquella santificación espuria que ni siquiera Investiga las
Escrituras, sino que coloca su confianza en los buenos sentimientos
e impulsos en
lugar de buscar la verdad como un tesoro escondido.
La santificación de la Biblia inducirá a sus poseedores a conocer los requerimientos de Dios y a obedecerlos. Hay un cielo puro y santo reservado para los que guardan los mandamientos de Dios.
Es digno de un esfuerzo incansable, perseverante y de toda la vida. Satanás se
encuentra a su mano derecha y también
a su izquierda; está delante y detrás de usted.
El suple de falsedades a cada alma que no atesora la verdad como se encuentra en
Jesús. El, el destructor, está sobre usted para paralizar cada uno de sus esfuerzos.
Pero hay una corona de vida que ganar,
una vida que se mide por la vida de Dios.
Y los que no cierran sus corazones y mentes a la
convicción aprenderán lo que es el amor a un Dios santo y justo; porque
se trata de un principio admirable, que obra de una manera
misteriosa y extraordinaria para obtener la salvación de la raza.
(Review and Herald, 8 de febrero 1898). EJ 147
AUDIO. https://youtu.be/upnZoVLDhmA