Ya ha comenzado el año
nuevo; sin embargo, antes de darle la bienvenida, nos detenemos para preguntar: ¿Cuál ha sido la
historia del año que acaba de pasar a la eternidad con su carga de registros?
La amonestación del apóstol llega hasta cada uno de nosotros: "examinaos
a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos" (2 Cor. 13:5).
¡No permita Dios que en esta hora tan importante nos encontremos de tal
manera preocupados por otros asuntos que no tengamos tiempo para realizar un
autoexamen serio, cándido y crítico! Dejemos atrás las cosas de menor
importancia y ocupémonos ahora de las que conciernen a nuestros intereses
eternos...
Ninguno de nosotros puede representar el carácter de Cristo por su propia fuerza; pero si Cristo vive en el corazón, el Espíritu que mora en él será revelado en nosotros; así todo lo que nos falta quedará suplido.
Al comienzo de este nuevo
año, ¿Quién se esforzará por obtener una experiencia nueva y genuina en las
cosas de Dios? Rectifiquen sus equivocaciones, en la medida de lo posible. Confiesen
unos a otros sus errores y pecados. Deséchese toda amargura e ira y malicia;
que la paciencia, la longanimidad, la bondad y el amor lleguen a formar parte
de su mismo ser; entonces, todo lo puro y amable y de buen nombre madurará en
su experiencia...
¿Qué frutos produjimos durante el año que acaba de pasar? ¿Qué influencia hemos ejercido sobre los demás? ¿A quiénes hemos traído al redil de Cristo? Los ojos del mundo están sobre nosotros.
¿Somos
epístolas vivientes de Cristo, conocidas y leídas de todos los hombres?
¿Imitamos el ejemplo de Jesús en abnegación, humildad, mansedumbre, paciencia,
disposición para llevar la cruz y devoción? ¿Se verá el mundo compelido a
reconocer que somos siervos de Cristo?...
¿No trataremos de corregir los errores del pasado durante este nuevo año?
A nosotros nos corresponde cultivar individualmente la gracia de Cristo, ser mansos y humildes de corazón, ser firmes, inamovibles, constantes en la verdad; porque sólo así se puede progresar en la santidad y ser hechos aptos para la herencia de los santos en luz. Comencemos el año renunciando completamente al yo; oremos en procura de un discernimiento claro, para que podamos comprender lo que el Salvador exige de nosotros, y para que lleguemos a ser testigos de Cristo en todo momento y lugar.
Signs of the Times, 4 de enero, 1883.
Exalten
a Jesús, ustedes que enseñan al pueblo. Exáltenlo en sus exhortaciones,
sermones, cantos y oraciones. Que todos sus esfuerzos se concentren en llevar a
las almas confusas, perplejas y perdidas, hacia "el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Invítenlos a mirar y vivir. Review
and Herald, 12 de abril, 1892. EJ10
AUDIO. https://youtu.be/11zGn060Ft0?si=Uq85IsPi5rb6BUbw
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