Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá
hambre; y
el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35).
"Yo soy el pan de vida", el Autor, Alimentador y Sustentador de la vida eterna
y espiritual... Cristo se presenta a sí mismo con el símbolo del pan celestial.
Comer su carne y beber su sangre significa recibirlo como a un Maestro enviado del cielo.
Creer en él es esencial para la vida espiritual. Los que se
alimentan de la Palabra nunca tienen hambre, nunca tienen sed, nunca
desean un bien más sublime ni elevado.
Cristo explicó el significado de sus palabras tan claramente, que nadie tiene por qué tropezar en ellas. Su declaración acerca de comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios debe tomarse en un sentido espiritual.
Comemos la carne de Cristo y bebemos su sangre
cuando por fe
nos aferramos a él como nuestro Salvador.
Cristo usó la figura de comer y beber para representar esa amistad
con él, que deben tener todos los que al fin participen con él de su gloria.
El alimento material que comemos es asimilado, lo que da fuerza y solidez al cuerpo. Asimismo cuando
creemos y recibimos las palabras del Señor Jesús, se convierten en una
parte de nuestra vida espiritual, traen luz y paz, esperanza y
gozo, y fortalecen el alma así como el alimento material fortalece el
cuerpo.
No es suficiente que conozcamos y
respetemos las palabras de las Escrituras. Debemos penetrar en la
comprensión de ellas, debemos estudiar fervientemente... Los
cristianos revelarán el grado hasta el cual hacen esto mediante la buena salud
de su carácter espiritual.
Debemos
conocer la aplicación práctica de la Palabra a nuestra propia edificación
individual del carácter. Debemos ser templos santos en los cuales
Dios pueda vivir y caminar y operar.
Nunca nos debemos
esforzar por ensalzarnos a nosotros mismos por encima de los
siervos a quienes Dios ha elegido para que hagan su obra y
honren su santo nombre. "Todos vosotros sois hermanos".
Apliquemos esta Palabra a nosotros individualmente, comparando
escritura con escritura.
En nuestra vida diaria, ante nuestros hermanos y ante el mundo, debemos ser
intérpretes vivientes de las Escrituras, que hagan honor a Cristo revelando
su mansedumbre y humildad de corazón.
Al comer y digerir
el pan de vida revelaremos un carácter simétrico. Por, medio de
nuestra unidad, apreciando a otros más que a nosotros mismos, debemos
dar al mundo un testimonio viviente del poder de la verdad...
Cuando los hombres se someten enteramente a Dios, comiendo el pan de vida y bebiendo el agua de la salvación, crecen en Cristo. Sus caracteres se componen de lo que la mente come y bebe.
Mediante la Palabra de vida, que reciben y obedecen, llegan
a ser participantes de la naturaleza divina... Entonces Cristo es
ensalzado y no el hombre. (Comentario bíblico adventista, t. 5, pág. 1109).
EJ 100
AUDIO.
https://youtu.be/wmPMhavoY4Y
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