…La
tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar. (Isa.
11:9).
El no estudiar ni obedecer la Palabra de Dios ha traído confusión al mundo. Los hombres han abandonado la custodia de Cristo por la custodia del gran rebelde, el príncipe de las tinieblas.
El fuego extraño se ha mezclado con el sagrado. La acumulación de cosas que
favorecen la concupiscencia y la ambición ha traído el juicio sobre el mundo.
Cuando están en dificultad, los filósofos y los hombres de ciencia procuran satisfacer su mente sin apelar a Dios. Ventilan su filosofía acerca de los cielos y de la tierra, explicando plagas, pestilencias,
epidemias, terremotos y hambres, por sus supuestas ciencias. Las cuestiones relativas
a la creación y la providencia procuran resolverlas
diciendo: Es la ley de la
naturaleza.
La Desobediencia ha cerrado la puerta que lleva a un vasto conocimiento que podría haberse adquirido de la Palabra de Dios. Si los hombres hubieran sido obedientes, habrían comprendido el plan de gobierno de Dios. El mundo celestial habría abierto sus cámaras de gracia y gloria a su exploración.
En forma, en palabra, en canto, los seres humanos
habrían sido muy superiores a lo que son ahora.
El misterio de la redención, la encarnación de Cristo, su
sacrificio expiatorio, no serían cosas vagas para nuestra mente. No sólo se
comprenderían mejor, sino que se apreciarían mucho más altamente.
El no haber estudiado la Palabra de Dios es la
gran causa de la debilidad e ineficiencia mentales.
Al apartarse de ella para alimentarse en los escritos de
hombres no inspirados, la
mente se empequeñece y degenera.
No se pone en contacto con los principios
profundos y amplios de la verdad eterna.
El entendimiento se
adapta a la comprensión de las cosas con las cuales está familiarizado, y en
esta devoción a lo finito se debilita, su poder se contrae, y después de
un tiempo se vuelve incapaz de expandirse.
Todo esto es falsa educación. La obra de cada maestro debe ser aferrar la mente de los
jóvenes a las grandes verdades de la Palabra inspirada. Esta es la educación
esencial para esta vida y para la venidera.
Y no se crea que ello impedirá el estudio de las
ciencias o hará bajar las normas en la educación.
El conocimiento de Dios es tan elevado como el cielo y tan amplio
como el universo. No hay nada tan ennoblecedor y vigorizador como un
estudio de los grandes temas que conciernen a nuestra vida eterna.
Procuren los jóvenes comprender estas verdades dadas por Dios, y su mente se expandirá y se fortalecerá con el esfuerzo. Pondrá a todo alumno que sea hacedor de la Palabra en un campo más amplio de pensamiento, y le asegurará una riqueza imperecedera de conocimiento. (Consejos para los maestros, págs. 426-427).
EJ 114
AUDIO.
https://youtu.be/uSl7OOhKbfE
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