El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. (Juan 6:56).
El Señor ha hecho
todas las provisiones necesarias para que el Salvador crucificado pueda ser
revelado a los pecadores. Aunque están muertos en transgresiones y pecados, su
atención se debe despertar mediante la predicación de Cristo y de éste crucificado...
El valor infinito del
sacrificio requerido para nuestra redención revela el hecho de que el pecado es
un tremendo mal. Dios podría haber borrado esta terrible mancha de su creación
eliminando al pecador de sobre la faz de la tierra.
Pero "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna" (Juan 3:16).
¿Por qué no están todos los que dicen amar a Dios tratando de iluminar a sus
vecinos y conocidos, para que no sigan descuidando esta
salvación tan grande?...
¡Cristo es capaz,
Cristo está dispuesto, Cristo anhela salvar a todos los que acuden a él! Hablen
a las almas que están en peligro e indúzcanlas a contemplar a Jesús en la cruz,
muriendo con el fin de hacer posible la salvación de ellas. Háblenle al pecador
con su propio corazón rebosando del amor tierno y compasivo de Cristo.
Que en esto haya un profundo empeño: pero que ninguna nota áspera ni dura proceda de los labios
de la persona que está tratando de ganar al alma para que mire y viva.
Consagre primero su propia alma a Dios.
Que su corazón sea quebrantado al
contemplar a nuestro Intercesor en el cielo. Entonces, suavizado Y
subyugado, se puede dirigir a los pecadores arrepentidos como alguien
que ha experimentado el poder del amor redentor.
Ore por esas almas, trayéndolas por fe al pie de la cruz; lleve
sus mentes hacia arriba junto con la suya, y al mirar fije el ojo de la fe en
Jesús, el portador de los pecados. Logre que quiten la vista de su pobre yo
pecador y la fijen en el Salvador, y la victoria habrá sido ganada.
Ahora pueden observar personalmente al Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo. Ven el Camino, la Verdad, y la Vida. El Sol de justicia
arroja sus rayos brillantes sobre el corazón. La fuerte corriente del amor
redentor se derrama sobre el alma sedienta y seca, y el pecador es salvado para
Jesucristo.
Cristo
crucificado: hable acerca de él, ore con él, cante de él,
y quebrantará los corazones y los ganará. En esto consiste el
poder y la sabiduría de Dios para ganar almas para Cristo... El
corazón compasivo de Dios revelado en los corazones de sus obreros será
reconocido por las personas en cuyo favor se trabaja.
Las almas tienen
sed del agua de vida. No seamos cisternas rotas. Si usted revela el
amor que Cristo les tiene, podrá conducir a Jesús a los que tienen
hambre y sed, y él les dará el pan de vida y el agua de la
salvación. (Testimonies, t. 6, págs. 66-67). EJ 121
AUDIO.
https://youtu.be/yGeZQiKT5ZU
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