Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado
a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. (Col. 3:1-2).
Cuando las cosas temporales absorben la mente y ocupan la
atención, toda la fuerza del individuo se empeña en el servicio del hombre, y
las personas consideran la adoración que se le debe a Dios como un asunto
trivial. Los intereses religiosos quedan supeditados al mundo.
Pero Jesús, que ha pagado el rescate por las almas de la familia humana, requiere
que los seres humanos subordinen
los intereses temporales a los intereses eternos.
El quisiera que
cesaran de acumular tesoros terrenales, de gastar dinero en lujos, y de
rodearse de las cosas que no necesitan. No desea que se destruyan
las facultades espirituales, pero dirige su atención a las cosas celestiales.
Anima a los hombres a buscar con
más fervor y continuamente
el pan de vida que el pan que perece. Él dice: "Trabajad,
no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la
cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló el Padre"
La Palabra de Dios es el elemento esencial de nuestro crecimiento espiritual. "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida" (Juan 6:27, 63).
Los que sean hacedores de las palabras
de Cristo traerán el
cielo a sus vidas.
Cristo es nuestro Redentor, nuestro Dueño, y se interesa
intensamente en que tengamos paz en este mundo. Se esfuerza por presentar los
atractivos del cielo delante de nosotros; porque donde está el tesoro, allí
también está el corazón.
Colocar un tesoro en el cielo no es otra cosa que utilizar las facultades que Dios nos
ha dado para
adquirir medios e influencia que se puedan usar para la gloria de Dios.
Cada dólar que ganamos es propiedad del Señor, y debería ser usado teniendo en mente el tiempo cuando
seremos llamados a rendir cuenta de nuestra mayordomía. Ninguno de
nosotros podrá evadir este futuro arreglo de cuentas.
Al escoger la acumulación de un tesoro en el cielo, nuestros caracteres serán moldeados según la semejanza de Cristo. El mundo verá que nuestras esperanzas y planes se llevan a cabo teniendo
en mente el progreso de la verdad y la salvación de las almas que perecen.
Se darán cuenta que para los que aman a Cristo él es
todo en todo...
Al procurar un tesoro en el cielo, nos colmamos en una
relación viviente con Dios, el dueño de todos los tesoros de la tierra, y quien
suple todas las necesidades temporales esenciales para la vida.
Cada alma puede obtener la
herencia eterna. El Señor ha revelado ante su pueblo el hecho de que hay amplio espacio para
el ejercicio de sus facultades, para el cumplimiento de sus
objetivos más elevados, para la adquisición del tesoro más deseable y
duradero.
Pueden colocar sus tesoros donde ni el fuego ni la inundación ni ninguna clase
de adversidad los pueden tocar. (Review
and Herald, 7 de abril, 1895). EJ 123
AUDIO. https://youtu.be/W1wrJwfomxo
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