Serás llamado reparador de portillos, restaurador de
calzadas para habitar. (Isa. 58:12).
El Hijo de Dios vino al mundo como un restaurador. Él era el Camino,
la Verdad, y la
Vida. Cada palabra que pronunció era espíritu y vida.
Hablaba con autoridad, consciente de su poder para bendecir a la humanidad y librar a los cautivos atados por Satanás; además, estaba consciente de que con su presencia podía traer al mundo una felicidad completa.
Anhelaba ayudar a cada miembro de la familia humana que se encontrara
oprimido y sufriente, y
mostrarle que era su prerrogativa bendecir, no condenar.
Cuando Cristo realizaba las obras de Dios no se estaba adueñando de una facultad que no le perteneciera; porque éste era el propósito que el cielo le había encomendado, y para esto estaban a su disposición los tesoros de la eternidad. Ningún control le sería impuesto al disponer de sus dones.
Pasó por alto a los que se autoengrandecían, los encumbrados
y ricos, y se relacionó con los pobres y oprimidos, proporcionando
a sus vidas una brillantez, una esperanza y una
inspiración que nunca antes habían conocido.
Pronunció una bendición sobre
todos los que tuvieran que sufrir por su causa, declarando: "Bienaventurados
sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal
contra vosotros, mintiendo" (Mat. 5:11)...
Cristo reconoció abiertamente su derecho a la autoridad y a recibir lealtad.
"Vosotros me llamáis Maestro, y Señor -les dijo-; y decís bien, porque lo soy".
"Uno es vuestro Maestro, el Cristo" (Juan 13:13; Mat. 23:8), De ese modo mantuvo la
dignidad que le correspondía a su nombre,
y la autoridad y el poder que poseía en el cielo.
Hubo ocasiones cuando habló con la dignidad
de su verdadera grandeza. Más de una vez declaró: "El que tiene
oídos para oír, oiga". Con estas palabras no hacía más que
repetir la orden de Dios, cuando desde la excelencia de su gloria el
Infinito había declarado: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo
complacencia; a él oíd" (Mat. 17:5).
De pie ante los fariseos
de ceño fruncido, que trataban de poner en alto su propia
importancia, Cristo no vaciló en compararse con los representantes
más distinguidos que habían caminado sobre la tierra y declarar
su propia eminencia sobre todos ellos.
Una de esas personas
era Jonás, a quien la nación judía tenía en alta estima... Al traer
a la mente de sus oyentes el mensaje de Jonás y su participación
en la salvación de los ninivitas, Cristo dijo: "Los
hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, Y la condenarán;
porque a la predicación de Jonás se arrepintieron, y he aquí más que Jonás en
este lugar" (Luc. 11:32).
Cristo sabía que los israelitas consideraban
a Salomón como el más grande monarca que jamás hubiera empuñado un
cetro sobre un reino terrenal... Sin embargo Cristo declaró:
"He aquí más que Salomón en este lugar" (Lucas 11:31). Youth's
Instructor, 23 de septiembre, 1897. EJ32
AUDIO. https://youtu.be/RmWbKiEwH8U
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