En cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso
para socorrer a los que son tentados. (Heb. 2:18).
Si en circunstancias penosas, hombres de poder espiritual, apremiados
más de lo que pueden soportar, se desalientan y abaten; si a
veces no ven nada deseable en la vida, esto no es cosa extraña o
nueva.
Recuerden los tales que uno de los profetas más poderosos huyó por su vida ante la ira de una mujer enfurecida. Fugitivo, cansado y agobiado por el viaje, con el ánimo abatido por la cruel desilusión,
solicitó que se le dejase morir. Pero fue
cuando su esperanza había desaparecido y la obra de su vida se veía
amenazada por la derrota, cuando aprendió una de las lecciones más
preciosas de su vida. En la hora de su mayor flaqueza conoció la
necesidad y la posibilidad de confiar en Dios en las circunstancias más severas.
Los que, mientras dedican las energías de su vida a una labor abnegada, se sienten tentados
a ceder al abatimiento y la desconfianza, pueden cobrar valor de lo que experimentó Elías.
El cuidado vigilante de Dios, su amor y su poder se
manifiestan en forma especial para favorecer a sus siervos cuyo
celo no es comprendido ni apreciado, cuyos consejos y reprensiones se
desprecian y cuyos esfuerzos por las reformas se retribuyen con
odio y oposición.
Es en el momento de mayor debilidad cuando Satanás asalta al alma con sus más fieras tentaciones. Así fue como esperó prevalecer contra el Hijo de Dios; porque por este método había obtenido
muchas
victorias sobre los hombres. Cuando la fuerza de voluntad flaqueaba y
faltaba la fe, entonces los que se habían destacado durante mucho tiempo
y con valor por el bien, cedían a la tentación.
Moisés, cansado por cuarenta años de
peregrinación e incredulidad, perdió por un momento su confianza en el Poder
infinito. Fracasó precisamente en los lindes de la tierra prometida.
Así también fue con Elías. El que había mantenido su
confianza en Jehová a través de los años de sequía y hambre; el que
había estado intrépidamente frente a Acab; el que durante el día de
prueba había estado en el Carmelo delante de toda la nación como único
testigo del Dios verdadero, en un momento de cansancio permitió que
el temor de la muerte venciese su fe en Dios. Y así sucede hoy...
Los que, destacándose en el frente del conflicto, se ven impelidos por el Espíritu de Dios a hacer una obra especial, experimentarán con frecuencia una reacción cuando cese la presión. El abatimiento puede hacer vacilar la fe más heroica y debilitar la voluntad más firme.
Pero Dios comprende, y sigue manifestando compasión y amor. Lee los motivos y
los propósitos del corazón... El Cielo no los desamparará en el día de su adversidad.
No hay nada que parezca más impotente que el alma
que siente su insignificancia y confía plenamente en Dios, y en
realidad no hay nada que sea más invencible. (Profetas y reyes,
págs. 127-129). EJ34
AUDIO. https://youtu.be/kjHFQDpzmik
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