Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. (Col. 1:16).
"…Dios es amor…"
(1 Juan 4:16). Su naturaleza y su ley son amor... Cada
manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito. La
soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados...
La historia del gran
conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta
el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del
pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios.
El soberano del universo no estaba solo en su obra benéfica. Tuvo un compañero, un colaborador que podía apreciar sus designios, y que podía compartir su regocijo al brindar felicidad a los seres creados.
"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el
Verbo era Dios. Este era en el
principio con Dios" (Juan 1:1-2).
Cristo, el Verbo, el Unigénito de Dios, era uno solo con el Padre eterno, uno solo en naturaleza, en carácter y en propósitos; era el único ser que podía penetrar en todos los designios y fines de Dios.
"Y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz" (Isa. 9:6)...
El Padre obró por medio de su Hijo
en la creación de todos los seres celestiales. "Porque por él fueron
creadas todas las cosas.... sean tronos, sean dominios, sean principados, sean
potestades; todo fue creado por él y para él" (Col. 1:16).
Los ángeles son los ministros de Dios, que, irradiando la luz que constantemente dimana de la presencia de él y valiéndose de sus rápidas alas se apresuran a ejecutar la voluntad de Dios.
Pero el Hijo, el Ungido de Dios, "la
misma imagen de su sustancia", "el resplandor de su gloria" Y
sostenedor de "todas las cosas con la palabra de su potencia",
tiene la supremacía sobre todos ellos (Heb. 1:3)...
Siendo la ley del amor, el fundamento
del gobierno de Dios, la
felicidad de todos los seres inteligentes depende de su perfecto
acuerdo con
los grandes principios de justicia de esa
ley.
Dios desea de todas sus criaturas el
servicio que nace del amor, de la comprensión y del aprecio de su carácter. No
halla placer en una obediencia forzada, y otorga a todos libre
albedrío para que puedan servirle voluntariamente.
Mientras todos los seres
creados reconocieron la lealtad del amor, hubo perfecta armonía en el
universo de Dios. Cumplir los designios de su Creador era el gozo de
las huestes celestiales.
Se deleitaban en reflejar la
gloria
del Todopoderoso y en alabarle. Y su amor mutuo fue fiel y desinteresado
mientras el amor de Dios fue supremo. No había nota discordante
que perturbara las armonías celestiales. (Patriarcas y profetas, págs.
11-13). EJ45
AUDIO. https://youtu.be/4ZobQ2owyvg
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