…Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. (Juan 6:63).
El tema central de la Biblia, el
tema alrededor del cual se agrupan todos los demás del Libro, es el plan de la
redención, la restauración de la imagen de Dios en el alma humana.
Desde la primera insinuación de
esperanza que se hizo en la sentencia pronunciada en el Edén, hasta la
gloriosa promesa del Apocalipsis: "Y verán su rostro, y su nombre
estará en sus frentes" (Apoc. 22:4), el propósito de cada libro y
pasaje de la Biblia es el desarrollo de este maravilloso tema: la
elevación del hombre, el poder de Dios, "…que nos da la victoria, por
medio de nuestro Señor Jesucristo" (1 Cor. 15:57).
El que capta este pensamiento, tiene ante sí un campo infinito de estudio.
Tiene la llave
que le abrirá todo el tesoro de la Palabra de Dios...
En la palabra de
Dios está la energía creadora que llamó los mundos a la
existencia. Esta palabra imparte poder; engendra vida. Cada orden es
una promesa; aceptada por la voluntad, recibida en el alma, trae consigo
la vida del Ser infinito. Transforma la naturaleza y vuelve a crear el
alma a imagen de Dios.
De igual modo se sostiene la vida así impartida. El hombre vivirá
de "…toda palabra que
sale de la boca de Dios" (Mat. 4:4).
La mente, el alma, se edifica con aquello de lo cual se alimenta, y
a nosotros nos toca
determinar la clase de alimento que recibirá...
Teniendo la Palabra
de Dios en la mano, todo ser humano, cualquiera sea su suerte en la vida, puede
gozar del compañerismo que escoja. Por medio de sus páginas puede tener
comunión con lo mejor y más noble de la especie humana, y escuchar la voz del
Eterno que habla con los hombres.
Al estudiar y
meditar en los temas que los ángeles "…desean penetrar" (1
Ped. 1:12), puede gozar de su compañía. Puede seguir las pisadas del Maestro
celestial y escuchar sus palabras como cuando él las enseñaba en la montaña, la
llanura, y el mar.
Puede morar en esta tierra en la atmósfera del cielo, e
impartir a los afligidos y tentados de la tierra pensamientos de esperanza y
anhelos de santidad; puede hacer cada vez más íntimo su compañerismo con
el Invisible, como aquel que antaño anduvo con Dios, acercándose cada
vez más al umbral del mundo eterno, hasta que los portales se abran y
pueda entrar. No se sentirá como un extraño.
Lo saludarán las voces de los santos que, invisibles,
eran sus compañeros en la tierra, voces que él aprendió a
distinguir y amar aquí. El que por medio de la Palabra de Dios ha
vivido en compañerismo con el cielo, se sentirá como en su casa en
medio de la compañía celestial. (La educación, págs. 121-123). EJ 51
AUDIO. https://youtu.be/mhgN5W8BIhc
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