Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió. (Sal. 33:9).
La investigación científica abrirá ante las mentes de las personas realmente sabias un vasto campo de pensamiento e información. Descubrirán a Dios por medio de sus obras, y lo alabarán. Para ellos él será lo primero y lo mejor, y sus mentes se concentrarán en él.
Los escépticos, que leen la Biblia
con el fin de criticarla, aseguran en su ignorancia que encuentran
contradicciones decididas entre la ciencia y la revelación. Pero la
evaluación humana de Dios nunca será correcta. La mente no iluminada por
el Espíritu de Dios estará siempre en tinieblas con respecto al poder divino.
Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente. Los que no mantienen una conexión vital con Dios son movidos de un lado para otro; colocan las opiniones humanas al frente y la Palabra de Dios en el fondo.
Aceptan
las aseveraciones humanas referentes a que el juicio contra el pecado es
contrario al carácter benévolo de Dios, y mientras se dedican a
pensar en la benevolencia infinita, tratan de olvidar que también hay
algo que se llama la justicia infinita.
Cuando nuestros puntos de
vista acerca del poder, la grandeza y la majestad de Dios son correctos, y
también acerca de la debilidad humana, llegamos a despreciar las
pretensiones de sabiduría hechas por los hombres llamados grandes de la
tierra, aunque no poseen nada de la nobleza celestial en sus caracteres.
No hay nada por lo cual se debería exaltar ni alabar a los seres
humanos.
No hay ninguna razón por la cual se deba confiar en las opiniones de los entendidos,
cuando pretenden medir las cosas divinas por sus propios conceptos
pervertidos.
Las personas que sirven a Dios son las únicas cuya opinión y
ejemplo es seguro seguir.
El corazón santificado aviva e
intensifica las facultades mentales. Una fe viviente en Dios imparte
energía: concede tranquilidad y reposo de espíritu, además de fortaleza
y nobleza de carácter.
Los hombres de ciencia piensan que con sus amplios conceptos pueden
abarcar la
sabiduría de Dios, tanto lo que ha hecho como lo que podría realizar.
Prevalece la idea de que él
está atado y restringido por sus propias leyes.
Los seres humanos niegan su existencia o la ignoran, o tratan de explicar todas las cosas mediante leyes
naturales, aun la forma como su Espíritu trabaja sobre los
corazones humanos; y ya no reverencian más su nombre ni temen su poder.
Aunque consideran que
lo están ganando todo, no hacen sino perseguir ilusiones y perder oportunidades
preciosas para conocer a Dios. No creen en lo sobrenatural y no se dan
cuenta de que el Autor de las leyes naturales puede obrar por
encima de ellas.
Niegan los derechos de Dios y descuidan los intereses de sus
propias almas: pero la existencia del Señor, su carácter y sus leyes, son
realidades que el razonamiento humano más encumbrado es incapaz de deshacer...
La naturaleza es una fuerza, pero el Dios de la naturaleza tiene un poder limitado.
Sus obras interpretan su carácter. (Signs of the
Times, 13 de marzo, 1884). EJ 56
AUDIO.
https://youtu.be/gRumuVFBA8Y
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