"Vino entonces un hombre de
Baalsalisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte
panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la
gente para que coma, Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante
de cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para que coma, porque
así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará. Entonces lo puso delante de
ellos y comieron y les sobró, conforme a la palabra de Jehová" (2
Rey. 4:42-44).
Aquel que realizó
este milagro en favor de cien hombres en los tiempos del Antiguo Testamento, operó una maravilla
similar para el bien de cinco mil, cuando como un Hombre les predicó el
Evangelio a los seres humanos. En el desierto Cristo no solamente
proveyó a su pueblo de pan sino también de corrientes de agua cristalina...
Es la gracia de Dios que se derrama sobre la porción
pequeña lo que la transforma en algo todo suficiente. La mano de Dios puede
multiplicarla cien veces. De sus recursos él puede preparar una mesa en el
desierto para más de un millón de personas.
Mediante el toque de
su mano Dios puede multiplicar su pequeña provisión y hacerla suficiente para
todos. Fue su poder el que multiplicó los panes y el grano en las manos de los
hijos de los profetas.
El Señor les ha dado
su vida a los árboles y las vides de su creación. Su palabra puede aumentar o
disminuir el fruto de la tierra. Si los seres humanos abrieran su entendimiento
para discernir la relación que existe entre la naturaleza y el Dios de la naturaleza,
se escucharían reconocimientos fervientes del poder del Creador. La
naturaleza moriría sin la vida de Dios.
Sus obras creadas
dependen de él. Él es quien imparte las propiedades vitales a todo lo que la
naturaleza produce. Debemos considerar como un don de Dios los árboles cargados
de fruta, tan igual como si él hubiera colocado la fruta en nuestras manos. (Manuscrito
114, 1899).
Al alimentar a los
cinco mil, Jesús alzó el velo del mundo de la naturaleza y reveló el poder que
se ejerce constantemente para nuestro bien. En la producción de las mieses
terrenales, Dios obra un milagro cada día. Por medio de agentes naturales, se
realiza la misma obra que fue hecha al alimentar a la multitud...
Es Dios quien alimenta cada día los millones con las mieses de
esta tierra. Los hombres están llamados a cooperar con Dios en el
cuidado del grano y la preparación del pan, y por esto pierden de
vista la intervención divina... Desea que le reconozcamos en sus
dones, a fin de que ellos sean, como él quería, una bendición para
nosotros. (El Deseado de todas las gentes, pág. 335). EJ 57
AUDIO. https://youtu.be/yReuH_rFIAA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario