El instrumento humano sufre mientras proyecta y hace planes para sí con algo que Dios le ha negado que haga. Se queja y lamenta, y todavía se aumentan las dificultades. Pero cuando se somete para ser como arcilla en las manos del alfarero, entonces Dios convierte al hombre en un vaso de honra.
La arcilla se somete para ser moldeada. Si se permitiera obrar a Dios, centenares
serán moldeados y convertidos en vasos como a él, mejor le
pareciera.
Permitid que la mano de Dios trabaje la arcilla para su servicio. El conoce exactamente qué clase de vaso se necesita. A cada hombre ha dado su obra. Dios conoce cuál es el lugar para el cual el hombre es más idóneo.
Muchos
están trabajando en contra de la voluntad de Dios,
y echan a perder el diseño. El Señor desea que cada uno esté
sumiso bajo su dirección divina. El colocará a los hombres donde
se sometan para ser modelados en unidad con Cristo, llevando su
semejanza divina.
Si el yo se somete
para ser moldeado, si cooperamos con Dios, si oramos en unidad, si trabajamos
en unidad, si todos ocupamos nuestro lugar como hebras en la trama de la vida,
nos desarrollaremos convirtiéndonos en un bello tejido que regocijará al universo
de Dios.
El Alfarero no puede moldear
y modelar para honra lo que nunca ha sido colocado en sus manos.
La vida cristiana es una vida de entrega diaria, de
sumisión y continuo triunfar. Cada día se ganarán nuevas victorias.
El yo debe perderse de vista, y el amor de Dios debe cultivarse continuamente. Así crecemos
en Cristo. Así la vida se forma de acuerdo con el modelo divino.
Cada hijo de Dios debe empeñarse
hasta lo sumo para elevar la norma de la verdad. Debe trabajar de
acuerdo con Dios. Si el yo es exaltado, Cristo no es magnificado.
Dios se compara a sí mismo en su Palabra con un alfarero, y los
suyos son la arcilla.
Su obra es la de modelarlos de acuerdo con su propia semejanza. La
lección que deben aprender es una lección de sumisión. No debe
exaltarse el yo. Si se presta la debida atención a la instrucción
divina, si el yo se somete a la voluntad, la mano del Alfarero
producirá un vaso simétrico. (Comentario bíblico adventista, t. 4. págs.
1175-1176).
El alfarero toma la arcilla en
sus manos y la moldea y le da forma de acuerdo con su propia voluntad. La amasa
y la trabaja. La rompe y vuelve a unirla... Así la transforma en una vasija
digna de ser usada.
Del mismo modo el gran Maestro Alfarero desea tenernos en sus manos y formarnos. Y tal como la arcilla se comporta en las manos del alfarero, así debemos colocarnos nosotros en sus manos.
No debemos tratar de realizar la obra del alfarero. Nuestra parte consiste
en
someternos al trabajo del Obrero Maestro. (Testimonies, t. 8, págs.
186-187). EJ 60
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