Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. (Gén. 5:5).
El libro de Génesis ofrece un relato
bastante definido de la vida social e individual; sin embargo, en él no
tenemos ningún registro de un niño que hubiera nacido... ciego,
sordo, cojo, deforme... Tampoco se registra ningún caso de muerte
natural durante la infancia, la niñez o la juventud.
No
se mencionan hombres ni mujeres que murieran debido a enfermedades. Las
notas necrológicas del libro de Génesis rezan de este modo: "Y
fueron todos los días que vivió Adán 930 años; y murió".
"Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y
murió".
Al referirse a otras personas, el
registro declara: vivió hasta llegar a una edad avanzada; y murió.
Era tan raro que
un hijo muriera antes que su padre, que al
ocurrir este hecho se consideró digno de mención: "Y murió Arán antes
que su padre Taré" (Gén. 11:28). Antes de morir, Arán ya era padre
de familia.
Dios dotó a los seres humanos con una vitalidad tan grande que ha podido soportar la
acumulación de las enfermedades acarreadas sobre la raza como
consecuencia de los hábitos pervertidos, y ha continuado durante seis
mil años.
Para nosotros este solo hecho es
suficiente para mostrarnos la fuerza y la energía eléctrica que Dios
concedió al hombre al momento de crearlo. Tuvieron que transcurrir más
de dos mil años de crimen e indulgencia de las bajas pasiones para que
las enfermedades físicas hicieran presa de la raza humana en forma
significativa.
Si al ser creado, Adán no
hubiera sido dotado de una fuerza vital veinte veces mayor de la que
el hombre posee actualmente, la raza, con todos sus hábitos actuales de
vivir en violación de la ley natural, ya se habría extinguido.
En tiempos de la primera venida de Cristo, la raza humana se había degenerado tan rápidamente que
sobre aquella generación pesaba una acumulación de enfermedades que
habían acarreado una ola de sufrimiento y un peso de miseria
inexpresables...
Dios
no creó a la raza humana en su condición actual de
debilidad. Este estado de cosas no es la obra de la Providencia, sino
el trabajo del hombre; se ha producido debido a abusos y malos hábitos, a causa de la violación de las
leyes que Dios elaboró para gobernar la existencia de los seres humanos.
Debido a la tentación de complacer el
apetito, al principio Adán y Eva cayeron de su estado tan
elevado, santo y feliz. Y la raza humana se ha debilitado a causa
de la misma tentación. Han permitido que los apetitos y las pasiones
se apoderaran, y mantuvieran bajo sujeción a la razón y el intelecto...
Es
sorprendente la extraña ausencia de principios que caracteriza a
esta generación, que se demuestra en el desinterés manifestado por
las leyes de la vida y la salud. Prevalece la ignorancia acerca
de este tema, mientras la luz brilla alrededor de ellos. Junto
con la mayoría, su preocupación principal es: ¿Qué comeremos? ¿Qué
beberemos? -, Y con qué nos vestiremos?... ¡Qué tremendo
contraste existe entre esta generación y los que vivieron durante los primeros
dos mil años de la creación! (Testimonies, t. 3, págs.
138-141). EJ 59
AUDIO.
https://youtu.be/zrg0uHd6TKs
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