Él es quien cubre de nubes los cielos, el que prepara la lluvia para la tierra, el que hace a los montes producir hierba. El da a la bestia su mantenimiento, y a los hijos de los cuervos que claman. (Sal. 147:8-9).
Aunque la Biblia debe ocupar el primer lugar en la educación de
los niños y jóvenes, el libro de la
naturaleza le sigue en importancia.
Las obras creadas por
Dios testifican
de su amor y poder. Él ha llamado al mundo a la existencia, con todo
lo que contiene. Dios ama lo bello; y en el mundo que ha
preparado para nosotros, no sólo nos ha dado todo lo necesario para
nuestra comodidad, sino que ha llenado los cielos y la tierra de
belleza.
Vemos su amor y cuidado en los ricos campos del otoño, y su sonrisa en la alegre
luz del sol. Su mano ha hecho las rocas como castillos y
las sublimes montañas. Los altos árboles crecen a su orden; él ha
extendido la verde y aterciopelado alfombra de la tierra, y
la ha tachonado de arbustos y flores.
¿Por qué revistió él la tierra y los árboles de verde vivo, en
vez de un marrón oscuro y sombrío? ¿No es acaso para que fuesen más agradables
a las vistas? ¿Y no se llenará nuestro corazón de gratitud al ver las
evidencias de su sabiduría y amor en las maravillas de su creación?
La misma energía creadora que sacó el mundo a la existencia, sigue manifestándose en
el sostenimiento del universo y en la continuación de las
operaciones de la naturaleza.
La mano de Dios guía los planetas en
su marcha ordenada a través de los cielos. No se debe a un
poder inherente el que la tierra continúe su movimiento en derredor
del sol año tras año, y produzca sus bendiciones.
La palabra de Dios
controla los elementos. El cubre los cielos de nubes y prepara la
lluvia para la tierra. Hace fructíferos los valles, y "…hace
a los montes producir hierba" (Sal. 147:8). Por su poder florece la
vegetación, aparecen las hojas y se abren las flores,
Todo el mundo natural
está destinado a ser intérprete de las cosas de Dios.
Para
Adán y Eva en su hogar del Edén, la naturaleza estaba llena del
conocimiento de Dios, rebosante de instrucción divina. Para sus
oídos atentos, hacia repercutir la voz de la sabiduría. La sabiduría
hablaba al ojo y era recibida en el corazón; porque ellos comulgaban
con Dios en sus obras creadas.
Tan pronto como la santa pareja transgredió la ley del Altísimo, el
esplendor del rostro
de Dios se apartó de la faz de la naturaleza.
Esta
ahora, está arruinada y mancillada por el pecado. Pero las
lecciones objetivas de Dios no se han obliterado (obstruido,
borrado); aún ahora, cuando se las estudia e interpreta correctamente,
hablan de su creador. (Consejo para los maestros, págs. 177-178).
Será
especialmente valioso para los niños y los jóvenes nerviosos que
hallan agotadoras y difíciles de recordar las lecciones de los libros. Hay
salud y felicidad para ellos en el estudio de la naturaleza; y
las impresiones hechas no se desvanecerán de su mente, porque
quedarán asociadas con objetos que están continuamente delante de
sus ojos. (CM 179). EJ 62
AUDIO.
https://youtu.be/nThwadMWMIg
No hay comentarios.:
Publicar un comentario