Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. (Rom. 1:20).
Al cultivar la tierra, el
trabajador reflexivo descubrirá que se abren ante él tesoros jamás
soñados. Nadie puede tener éxito en los trabajos agrícolas o de
la huerta si no presta atención a las leyes que entrañan.
Es necesario estudiar las
necesidades
especiales de cada variedad de plantas. Las diversas variedades
requieren terreno y cultivo diferentes, y la condición del éxito es
la obediencia a las leyes que rigen a cada una.
La atención
requerida al trasplantar, para que no se cambien de lugar ni amontonen siquiera las
raíces más finas, el cuidado de las plantas tiernas, la poda y el
riego; la protección contra la helada de la noche y
el sol durante el día, el cuidado de mantener alejadas
las malas hierbas, las enfermedades y las plagas de insectos, el
arreglo de las plantas, no solo enseñan lecciones
importantes en cuanto al desarrollo del carácter, sino que el
trabajo mismo es un medio de desarrollo.
Al desarrollar el cuidado, la paciencia, la atención a los detalles,
la obediencia a la ley, se
obtiene una educación esencial.
El contacto
constante con el misterio de la vida y el encanto de la
naturaleza, así como la ternura necesaria para cuidar esos
hermosos objetos de la creación de Dios, tienden a vivificar la
mente y refinar y elevar el carácter, y las lecciones
aprendidas preparan al trabajador para tratar con más éxito con
otras mentes. (La educación, págs. 107-108).
Las mismas grandes leyes que guían igualmente a la estrella y al átomo, rigen la
vida humana.
Las leyes que gobiernan la acción del corazón para regular la salida de la corriente de vida al cuerpo, son las leyes de la poderosa Inteligencia que tiene la jurisdicción del alma.
De
esa Inteligencia procede toda la vida.
Únicamente en armonía con ella se puede hallar su verdadera esfera de acción.
La condición para todos los objetos de su creación es la misma:
una vida sostenida por la vida que se recibe de Dios, una vida
que esté en armonía con la voluntad del Creador.
Transgredir su ley, física, mental, o
moral, significa perder la armonía con el universo, introducir discordia,
anarquía y ruina.
Toda la naturaleza se ilumina para aquel que aprende así a interpretar
sus enseñanzas; el mundo es un libro de textos de la vida, una escuela.
La unidad del
hombre con la naturaleza y con Dios, el dominio universal de la
ley, los resultados de la transgresión, no pueden dejar de hacer
impresión en la mente y modelar el carácter...
Así como los moradores del Edén aprendieron de las páginas de
la naturaleza, así como Moisés percibió lo que Dios había escrito
en los llanos y las montañas de Arabia, y el niño Jesús en los
cerros de Nazaret, los niños de hoy día también pueden aprender del
Creador.
Lo visible ilustra lo invisible. En todas
las cosas que hay sobre la tierra,... desde el océano sin límites hasta
la concha más diminuta de la costa, pueden contemplar la imagen y
la inscripción de Dios. (Id., págs. 95-96). EJ 63
AUDIO. https://youtu.be/F7bjUu8FI5g
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