…No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Mat. 6:25).
Quien nos dio la vida
sabe que nos hace falta el alimento para conservarla. El que creó
el cuerpo no olvida nuestra necesidad de ropa. El que concedió la
dádiva mayor ¿no otorgará también lo necesario para hacerla completa?
Jesús dirigió la atención de sus oyentes a las aves que modulaban sus alegres
cantos, libres de congojas, porque, si bien "no siembran, ni
siegan", el gran Padre las provee de todo lo necesario.
Luego
preguntó: "¿No valéis vosotros mucho más que ellas?" "Sin
que él lo note, ni siquiera cae un gorrión, Ni siquiera un alma se humilla
sin que lo sepa Jesús: Porque en todas partes está él, Y observa
cada lágrima amarga que rueda, Y sabemos que él nunca, nunca,
nunca. Se olvidará del alma que siempre confía en él"...
La ley de Dios es una ley de amor. Él nos rodeó de hermosura para enseñarnos que no estamos en la tierra únicamente para
mirar por nosotros mismos, para cavar y construir, para
trabajar e hilar, sino para hacer la vida esplendoroso, alegre y
bella por el amor de Cristo. Así como las flores, hemos de
alegrar otras vidas con el ministerio del amor.
Padres, dejad a vuestros hijos que aprendan de las flores. Llevadlos al jardín, a la huerta, al campo, bajo los árboles frondosos, y enseñadles a leer en la naturaleza el mensaje del amor de Dios.
Vinculad
su recuerdo con el espectáculo de los pájaros, las flores y
los árboles, inducidlos a considerar en cada cosa agradable y
hermosa una expresión del amor que Dios siente por ellos. Hacedles
apreciar vuestra religión por su índole agradable. Rija vuestros
labios la ley de la bondad.
Enseñad a los niños la
lección de que mediante el gran amor de Dios su naturaleza puede
transformarse y ponerse en armonía con la suya. Enseñadles que él
quiere que sus vidas tengan la hermosura y la gracia de las
flores.
Mientras recogen las flores fragantes, hacedles saber que quien las creó es más bello que ellas. Así los zarcillos de sus corazones se aferrarán a él. El que es "todo... codiciable" llegará a ser para ellos un compañero constante y un amigo íntimo, y sus vidas se transformarán a la imagen de su pureza.
(El Discurso Maestro de Jesucristo, págs. 81, 83).
Cristo
adornaría nuestros caracteres con la riqueza de sus propios
atributos. Desearía que nuestras palabras fueran tan fragantes
como las flores del campo. (Review and Herald, 19 de mayo, 1896). EJ 68
AUDIO.
https://youtu.be/24iGwPs5V90
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