…Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. (1 Juan 4:7).
En todos los que sufren por mi nombre, dijo Jesús, habéis de reconocerme a mí. Como me
serviríais a mí, habéis de servirlos a ellos. Esta
será la evidencia de que sois mis discípulos.
Todos
los que han nacido en la familia celestial son en un sentido
especial los hermanos de nuestro Señor. El amor de Cristo liga a
los miembros de su familia, y dondequiera que se hace manifiesto este amor
se revela la filiación divina. “…Cualquiera que ama, es nacido de
Dios, y conoce a Dios" (1 Juan 4:7).
Aquellos A Quienes Cristo Elogia En El Juicio, pueden haber sabido poca teología, pero albergaron
sus principios. Por la influencia del Espíritu divino, fueron una
bendición para los que los rodeaban. Aun entre los paganos, hay
quienes han abrigado el espíritu de bondad; antes que las palabras
de vida cayesen en sus oídos, manifestaron amistad para con los
misioneros, hasta el punto de servirles con peligro de su propia
vida.
Entre los paganos hay quienes adoran
a Dios ignorantemente, quienes no han recibido jamás la luz por
un instrumento humano, y sin embargo no perecerán. Aunque
ignorantes de la ley escrita de Dios, oyeron su voz hablarles en la
naturaleza e hicieron las cosas que la ley requería. Sus obras
son evidencia de que el Espíritu de Dios tocó su corazón, y son
reconocidos como hijos de Dios.
Cuánto se sorprenderán y alegrarán los humildes de entre las
naciones y entre los paganos, al oír de los labios del Salvador: "…En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos
pequeñitos, a mí lo hicisteis" (Mt. 25:40). ¡Cuán alegre se sentirá
el corazón del Amor Infinito cuando sus seguidores le miren con
sorpresa y gozo al oír sus palabras de aprobación!
Pero el amor de Cristo
no se limita a una clase. Se identifica con cada hijo de la humanidad. A
fin de que pudiésemos llegar a ser miembros de la familia celestial,
se hizo miembro de la familia terrenal. Es Hijo del hombre, y así
hermano de cada hijo de Adán.
Sus
seguidores no se han de sentir separados del mundo que perece en
derredor suyo. Son una parte de la trama y urdimbre de la
humanidad; y el Cielo los mira como hermanos de los pecadores tanto
como de los santos.
Los
que han caído, los que yerran y los
pecaminosos, son abarcados por el amor de Cristo; y cada buena
acción hecha para elevar a un alma caída, cada acto de misericordia,
son aceptados como hechos a él. (El Deseado de todas las gentes, págs.
592-593). EJ 77
AUDIO.
https://youtu.be/zkEr2CWIExM
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