Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud
de gozo; delicias a
tu diestra para siempre. (Sal. 16:11).
La belleza de la
mente, la pureza del alma, reveladas en el rostro, tendrán un mayor poder de
atracción sobre los corazones y ejercerán más influencia sobre ellos que
cualquier adorno exterior...
Una mente educada, adornada con las gracias de la mansedumbre y la humildad,
un corazón puro y
recto, se reflejarán en el rostro y merecerán amor y respeto...
[Los niños y los jóvenes] pueden, mediante el cultivo del
intelecto, depender de Dios para el éxito y desarrollar caracteres firmes y
hermosos. El temor de Dios, la contemplación de la gloria de la naturaleza en
su obra creada, nunca empequeñecerán el intelecto, sino que tenderán a
fortalecer cada facultad del alma.
Los niños y jóvenes
tienen el precioso privilegio de someter sus mentes al control del Espíritu de
Dios y de transformarse en cristianos intelectuales. Sus facultades mentales y
morales se pueden desarrollar con proporciones armoniosas. Su comprensión puede
ser fuerte, sus conciencias, puras, y sus caracteres, hermosos...
Si desean hallar
felicidad y paz en todo lo que hacen, deben hacerlo todo en
relación con la gloria de Dios. Si pretenden tener paz en sus corazones, deben
procurar fervientemente imitar la vida de Cristo.
Entonces no habrá necesidad de
fingir alegría, ni de buscar el placer en la indulgencia del orgullo ni en las
frivolidades del mundo. Experimentarán una paz y una felicidad en el
bien hacer, que nunca hallarán en la realización del mal.
Jesús tomó sobre sí la
naturaleza humana y pasó por la infancia, la niñez y la juventud, con el fin de
aprender como simpatizar con todos, y dejar así un ejemplo para todos los niños
y jóvenes. El conoce las tentaciones y debilidades de los niños. En su amor, ha
abierto una fuente de placer y alegría para el alma que confía en él.
Al esforzarse por honrar a Cristo e imitar su
ejemplo, los niños y jóvenes pueden ser verdaderamente felices. De ese modo
pueden sentir que su responsabilidad colabora con Jesucristo en el gran plan de
salvar a las almas.
Si los jóvenes comprendieran la responsabilidad que tienen ante
Dios, se elevarían por encima de todo lo que es bajo, egoísta e impuro. Para
ellos la vida estaría llena de significado. Comprenderían que tienen un motivo
grande y glorioso por el cual vivir.
Esto ejercerá sobre los jóvenes una influencia que los hará empeñosos, alegres y fuertes
bajo todas las cargas, desalientos y dificultades de la vida, tal como
fue su Modelo divino.
La conciencia, de que están empeñados en la realización
de aquello, que Dios puede aprobar, los fortalecerá en sus esfuerzos, y
al imitar al Modelo podrán, como él, crecer en sabiduría y en favor para
con Dios y los hombres. (Youth's Instructor, septiembre de
1873). EJ 86
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