…Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con
vosotros, así también haced vosotros con ellos... (Mat.
7:12).
Dondequiera que se
emplee el poder del intelecto, de la autoridad o de la
fuerza, y no se manifieste la presencia del amor, los afectos y
la voluntad de aquellos a quienes procuramos alcanzar asumen
una actitud defensiva y rebelde, y se refuerza su resistencia.
Jesús fue el Príncipe de paz. Vino
al mundo para poner en sujeción a sí mismo la resistencia y la
autoridad. Podía disponer de sabiduría y fuerza, pero los
medios que empleó para vencer el mal, fueron la sabiduría y el
poder del amor... Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan
con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los
profetas. (Mat. 7:12).
Como fruto de una conducta tal, se verán resultados bienaventurados. "Con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir" (Luc. 6:38). Estos son los poderosos motivos que deben constreñirnos a amarnos unos a otros con corazón puro y con fervor. Cristo es nuestro ejemplo.
El anduvo haciendo bienes.
Vivió para beneficiar a otros. El amor embelleció y ennobleció todas sus acciones. No se nos ordena que nos hagamos a nosotros mismos lo que desearíamos que otros hiciesen con nosotros; debemos hacer a otros lo que quisiéramos que ellos nos hiciesen en iguales circunstancias.
Siempre se nos vuelve a aplicar la medida
con que medimos... El amor puro es sencillo en sus
manifestaciones, y distinto de cualquier otro principio de
acción. (Joyas de los testimonios, t. 1, págs. 208-209).
En Jesús, usted puede amar
con fervor, con sinceridad. Este amor puede aumentar su profundidad y
expandirse hasta el infinito... El amor a Dios asegurará el amor al
prójimo, y usted se dedicará a los deberes de la vida con interés profundo
y abnegado.
Los principios puros constituirán el fundamento de sus acciones. La paz interior conducirá aun sus pensamientos hacia corrientes más saludables...
La paz mental, que es el
resultado de las acciones y los motivos puros y santos, le dará un tono
de vigor y libertad a todos los órganos del cuerpo. La paz interior
y una conciencia desprovista de ofensas a Dios, vivificará y
vigorizará el intelecto, como el rocío que se derrama sobre las tiernas
plantas...
Las meditaciones son placenteras porque están santificadas.
La serenidad mental que usted puede poseer será una bendición para todos los
que se relacionan con usted. Esta paz y esta calma llegarán a ser naturales con
el tiempo, y reflejarán sus preciosos rayos sobre todos los que la rodean, para
volver de nuevo a reflejarse sobre usted.
Mientras más guste de esta paz celestial y de
esta serenidad de la mente, más aumentarán. Es un placer animado y
viviente que no sume todas las energías morales en un estupor, sino
que las despierta para llevar a cabo una actividad mayor. La paz
perfecta es un atributo del Cielo que los ángeles poseen. (Testimonios,
t. 2, págs. 292-294). EJ 89
AUDIO. https://youtu.be/UK6RbTcujfo
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