jueves, 26 de marzo de 2026

26. EN TODO LO QUE HIZO SE VE ORDEN Y PERFECCIÓN. III. EXALTAD A JESÚS “COMO EL HIJO DEL HOMBRE”

 

Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. (Juan 20:6-7).

Un joven vestido de ropas resplandecientes estaba sentado al lado de la tumba. Era el ángel que había apartado la piedra. Había tomado el disfraz de la humanidad, a fin de no alarmar a estas personas que amaban a Jesús. Sin embargo, brillaba todavía en derredor de él la gloria celestial, y las mujeres temieron.

Se dieron vuelta para huir, pero las palabras del ángel detuvieron sus pasos. "No temáis vosotras -les dijo-; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos".

Volvieron a mirar al interior del sepulcro y volvieron a oír las nuevas maravillosas. Otro ángel en forma humana estaba allí, y les dijo: "…¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, más ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es menester que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día". (Luc 24:5-7).

¡Ha resucitado, ha resucitado! Las mujeres repiten las palabras vez tras vez. Ya no necesitan las especias para ungirle. El Salvador está vivo, y no muerto. Recuerdan ahora que cuando hablaba de su muerte, les dijo que resucitaría.

¡Qué día es éste para el mundo! Prestamente, las mujeres se apartaron del sepulcro 

y "con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos".

María no había oído las buenas noticias. Ella fue a Pedro y a Juan con el triste 

mensaje: "Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto".

Los discípulos se apresuraron a ir a la tumba, y la encontraron como había 

dicho María. Vieron los lienzos y el sudario, pero no hallaron a su Señor.

Sin embargo, había allí un testimonio de que había resucitado. Los lienzos mortuorios no habían sido arrojados con negligencia a un lado, sino cuidadosamente doblados, cada uno en un lugar adecuado, Juan "vio, y creyó". No comprendía todavía la escritura que afirmaba que Cristo debía resucitar de los muertos; pero recordó las palabras con que el Salvador había predicho su resurrección.

Cristo mismo había colocado esos lienzos mortuorios con tanto cuidado. Cuando el poderoso ángel bajó a la tumba, se le unió otro, quien, con sus acompañantes, había estado guardando el cuerpo del Señor.

Cuando el ángel del cielo apartó la piedra, el otro entró en la tumba y desató las envolturas que rodeaban el cuerpo de Jesús. Pero fue la mano del Salvador la que dobló cada una de ellas y la puso en su lugar.

A la vista de Aquel que guía tanto a la estrella como al átomo, no hay nada sin importancia. 

Se ven orden y perfección en toda su obra. (El Deseado de todas las gentes, págs. 732-733). 

EJ 94

AUDIO. https://youtu.be/7UYM32TKzYk


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