…Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido
tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. (Hech. 1:11).
Mientras los discípulos estaban todavía mirando hacia arriba, se dirigieron a ellos unas voces que parecían como la música más melodiosa. Se dieron vuelta, y vieron a dos ángeles en forma de
hombres que les hablaron diciendo:
"Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? este
mismo Jesús... así vendrá como le habéis visto ir al cielo".
Estos ángeles pertenecían al grupo que había estado esperando en
una nube resplandeciente para escoltar a Jesús hasta su hogar celestial. Eran
los más exaltados de la hueste angélica, los dos que habían estado con él
durante toda su vida en la tierra.
Todo el cielo había esperado con
impaciencia el fin de la estada de Jesús en un mundo afligido por la maldición
del pecado. Ahora había llegado el momento en que el universo celestial iba a
recibir a su Rey...
Cristo había ascendido al cielo en forma humana. Los discípulos
habían centemplado la nube que le recibió. El mismo Jesús que había andado,
hablado y orado con ellos; que había quebrado el pan con ellos; que había
estado con ellos en sus barcos sobre el lago; y que ese mismo día había subido
con ellos hasta la cumbre del monte de las Olivas, el mismo Jesús había ido a
participar del trono de su Padre.
Y los ángeles les habían asegurado que este mismo Jesús a quien
habían visto subir al cielo, vendría otra vez como había ascendido. Vendrá
"con las nubes, y todo ojo le verá"... Bien podían los discípulos
regocijarse en la esperanza del regreso de su Señor.
Los discípulos ya no desconfiaban del futuro. Sabían que Jesús
estaba en el cielo, y que sus simpatías seguían acompañándolos. Sabían que
tenían un Amigo cerca del trono de Dios, y anhelaban presentar sus peticiones
al Padre en el nombre de Jesús...
Extendían siempre más alto la mano de la
fe, con el poderoso argumento: "Cristo es el que murió; más aún, el
que también resucitó... el que también intercede por nosotros" (Rom.
8:34).
Y el día de Pentecostés les trajo la plenitud del gozo con la presencia del Consolador,
así como Cristo lo había prometido. (El Deseado de todas las gentes, págs. 771-772).
EJ 96
AUDIO.
https://youtu.be/yKqizQMrrwg
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