Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. (Mat. 5:6).
Todos los que reciban el mensaje del Evangelio en su
corazón anhelarán proclamarlo. El amor de Cristo ha de expresarse. Aquellos que se han vestido de Cristo relatarán su
experiencia, reproduciendo paso a paso la dirección del Espíritu Santo: Su
hambre y sed por el conocimiento de Dios y de Cristo Jesús, a quien él ha
enviado; el resultado de escudriñar las Escrituras; sus oraciones,
la agonía de su alma, y las palabras de Cristo a ellos dirigidas, "Tus
pecados te son perdonados".
No es natural que alguien mantenga secretas estas cosas,
y aquellos que están llenos del amor de
Cristo no lo harán.
Su deseo de que
otros reciban las mismas bendiciones estará en proporción con el grado en que
el Señor los haya hecho depositarios de la verdad sagrada. Y a medida que hagan
conocer los ricos tesoros de la gracia de Dios, les será impartida cada vez más
la gracia de Cristo.
Tendrán el corazón de un
niño en lo que se refiere a su sencillez y obediencia sin reservas. Sus almas
suspirarán por la santidad, y cada vez les serán revelados más tesoros de
verdad y de gracia para ser transmitidos al mundo.
El gran tesoro de la
verdad es la Palabra de Dios. La Palabra escrita, el libro de la naturaleza y
el libro de la experiencia referente al trato de Dios con la vida humana: he aquí los
tesoros de los cuales han de valerse los obreros de Dios.
En la investigación
de la verdad han de depender de Dios, y no de las inteligencias humanas
de los grandes hombres, cuya sabiduría es locura para Dios. Usando
los medios que él mismo señaló, el Señor impartirá un conocimiento de sí
mismo a todo el que lo busque.
Si el que sigue a
Cristo cree su Palabra y la practica, no habrá ciencia en el mundo natural que no pueda
entender y apreciar. No hay nada que no le proporcione los medios de
impartir la verdad a otros.
La ciencia natural
es un tesoro de conocimiento del cual puede valerse todo estudiante de la
escuela de Cristo. Mientras contemplamos la hermosura de la naturaleza, mientras
estudiamos sus lecciones en el cultivo del suelo, en el crecimiento de los
árboles, en todas las maravillas de la tierra, del mar y del cielo, obtendremos
una nueva percepción de la verdad.
Y los misterios
relacionados con el trato de Dios con los hombres, las profundidades
de su sabiduría y su juicio, tal como se ven en la vida humana, son
también un depósito rico en tesoros.
Pero es en la Palabra escrita donde el conocimiento de Dios se
revela más claramente al hombre caído. Ella constituye el depósito de las
inescrutables riquezas de Cristo... Las verdades de la redención son
susceptibles de constante desarrollo y expansión. Aunque viejas, son
siempre nuevas, y revelan constantemente una gloria mayor y un poder
más grande al que busca la verdad. (Palabras de vida del gran Maestro,
págs. 95-98). EJ 107
AUDIO. https://youtu.be/E_m2_f2QVLo
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