Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de
que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos
esperanza. (Rom. 15:4).
Nada
está calculado para fortalecer el intelecto como el estudio de la Biblia. Ningún
otro libro tiene tanto poder para elevar los pensamientos, para
vigorizar las facultades, como las amplias y ennoblecedoras
verdades de la Biblia. Si se estudiara la Palabra de Dios como se
debe, los seres humanos poseerían una amplitud de mente y una
nobleza de carácter que rara vez se ven en estos tiempos.
No hay conocimiento tan
firme, tan consistente, de tan largo alcance, como el que se
obtiene del estudio de la Palabra de Dios. Si no existiera otro libro
en todo el mundo, la Palabra de Dios, vivida mediante la gracia de
Cristo, haría perfecto al hombre en esta tierra, dotándolo de un
carácter apto para la vida futura e inmortal.
Los que estudian la Palabra de Dios, tomándola por fe como la
verdad, y recibiéndola en el carácter, serán completos en aquel que es todo en
todo. Gracias a Dios por las posibilidades que se han colocado ante la humanidad...
El tiempo que se dedique al
estudio de la Palabra de Dios y a la oración producirá una cosecha del ciento
por uno. La Palabra de Dios es la semilla viviente, y a medida que se la siembre en la mente, el agente humano
deberá cuidar diligentemente las etapas sucesivas de su desarrollo. ¿Cómo debe
ser hecho esto?
Después que se ha recibido la Palabra con oración, se la debe
apreciar y cultivar en la vida diaria. Necesita crecer y producir fruto, siendo
primero hierba, luego espiga. Y después grano lleno en la espiga.
No basta estudiar la
Biblia como se haría con cualquier otro libro. Para que se la pueda comprender
salvadoramente, el Espíritu Santo necesita descender sobre el corazón del
creyente.
El mismo Espíritu que inspiró la Palabra debe inspirar al lector de la Palabra. Entonces
se escuchará
la voz del cielo. "Tu Palabra, Oh Dios, es la verdad", será el
lenguaje del alma.
La mera lectura de la Palabra no producirá los resultados previstos por el cielo; debe ser estudiada
y alimentada en el corazón. El conocimiento de Dios no se obtiene sin un
esfuerzo mental.
Debemos estudiar la Biblia con diligencia, pidiéndole a Dios la ayuda
de su Santo
Espíritu, para que seamos capaces de comprenderla.
Deberíamos tomar un versículo
y concentrar la mente en la tarea de descubrir cuál es el pensamiento que
Dios ha colocado para nosotros en dicho versículo. Debemos meditar en
ese pensamiento hasta que llegue a ser nuestro, y sepamos "lo que dice
el Señor"...
La Palabra de Dios es el pan de vida. Los que la coman y la digieran, transformándola en una parte de cada acción y de cada atributo del carácter, crecerán vigorosos en la fortaleza de Dios. Ella le concede un vigor inmortal al alma, perfecciona la experiencia y produce un regocijo que permanecerá para siempre.
(Signs of the Times, 25 de junio, 1902). EJ 106
AUDIO.
https://youtu.be/kXh_D-8aHgk
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