Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (Juan 17:17).
Es mediante la verdad, por el poder del Espíritu Santo, que seremos
santificados, es decir, transformados a la semejanza de Cristo.
Y para que este cambio
se pueda producir en nosotros se debe llevar a cabo una aceptación
incondicional y de todo corazón de la verdad: un sometimiento
sin reservas del alma a su poder transformador...
Muchas personas se aferran tenazmente a sus peculiaridades. Aun después que profesan haber aceptado la verdad, haberse entregado a Cristo, se gratifican los mismos hábitos antiguos, se
manifiesta la misma autoestima, y se acarician las
mismas nociones falsas. A pesar de que los tales se precian de estar
convertidos, es evidente que no se han sometido al poder
transformador de la verdad...
El Nuevo Nacimiento consiste en tener motivaciones nuevas, nuevos gustos, y tendencias nuevas.
Los que han sido engendrados por el Espíritu Santo
a una vida nueva, han llegado a ser participantes de la naturaleza
divina, y en todos sus hábitos y prácticas darán evidencia de su
relación con Cristo...
El mandamiento: "Sed, pues,
vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es
perfecto", nunca se habría dado si no se hubieran tomado
todas las disposiciones mediante las cuales pudiéramos llegar a ser
perfectos en nuestra propia esfera, así como Dios lo es en la suya.
Deberíamos
avanzar constantemente de una luz a otra mayor, aferrándonos
celosamente a la que ya hemos recibido, y orando aun por más. De este
modo nunca seremos dejados en la oscuridad. (Review
and Herald, 12 de abril, 1892).
El Último Mensaje de misericordia será proclamado al mundo mediante la predicación
de la verdad
del Evangelio. La verdad, la verdad de la Biblia, esto es lo que
necesita la gente.
Debemos reclamar las promesas de la Palabra de Dios sobre
nuestras rodillas, solicitando la recepción de la verdad pura, no adulterada, y
que seamos capaces de comprender la necesidad de dar esa verdad a otros. Entonces
los hombres y las mujeres serán convertidos.
Será
reconocida la mano de Dios en la organización de nuevas iglesias. El Señor
bautizará con el Espíritu apostólico a muchos que saldrán a realizar trabajo
misionero en los lugares donde la gente no conoce la verdad.
Una obra misionera genuina establecerá a las iglesias sobre un fundamento
seguro, un fundamento que tenga este sello: "Conoce el Señor a los que son suyos".
Entonces Dios será glorificado en su pueblo. Las misiones cristianas serán edificadas sobre Jesucristo. La obra avanzará bajo la supervisión de Dios, y se darán innumerables evidencias de la autenticidad de la obra.
Los obreros no buscarán glorificarse a sí mismos, sino que alabarán a Dios como el autor y el organizador de cada tarea santa y ennoblecedora. No sólo profesan ser creyentes; son creyentes.
La verdad los santifica; porque la verdad que se vive, al mismo tiempo que se la predica, tiene
una influencia purificadora sobre
el carácter. (Signs of the Times, 21 de agosto, 1901). EJ 118
AUDIO. https://youtu.be/xzxEPnzOigk
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