El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. (Mat. 6:11).
Como el niño, usted recibirá
diariamente lo que se requiera para suplir las necesidades de ese día. Cada
día debe orar: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy".
No se sienta perturbado si no tiene suficiente para mañana. Usted posee la
seguridad de su promesa: "Tú habitarás en la tierra y ciertamente
serás alimentado". David dijo: "Joven fui, y he envejecido,
y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan"
(Sal. 37:25).
Aquel Dios que envió a los cuervos para que alimentaran a Elías
en el arroyo de Querit, no se olvidará de ninguno de sus hijos fieles y
sacrificados. De la persona que camina en justicia se escribe: "…Se le
dará su pan, y sus aguas serán seguras" (Isa. 33:16). "No serán
avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados"
(Sal. 37:19).
"El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos
nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Rom. 8:32).
El que alivió los
cuidados de su madre viuda y ayudó a sostener el hogar de Nazaret, simpatiza
con cada madre que lucha para proveerles alimento a sus hijos. El que tuvo
compasión de la multitud porque desfallecían y estaban esparcidos, todavía
siente compasión por el pobre sufriente. Su mano se extiende sobre ellos para
bendecirlos y en la misma oración que les dio a los discípulos nos enseña a
acordarnos de los pobres. (Signs of the Time, 4 de noviembre, 1903).
La oración por el pan cotidiano incluye no solamente el alimento
para sostener el cuerpo, sino también el pan espiritual que nutrirá el alma
para vida eterna. Nos dice Jesús: "Trabajad, no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece…" "Yo soy el
pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para
siempre…" (Juan 6:27, 51).
Nuestro Salvador es el pan de vida; cuando miramos su amor y
lo
recibimos en el alma, comemos el pan que desciende del cielo.
Recibimos a Cristo por
su Palabra, y se nos da el Espíritu Santo para abrir la Palabra de Dios a
nuestro entendimiento y hacer penetrar sus verdades en nuestro corazón. Hemos
de orar día tras día para que, mientras leemos su Palabra, Dios nos envíe su Espíritu
con el fin de revelarnos la verdad que fortalecerá nuestras almas para las
necesidades del día.
Al enseñarnos a pedir cada día lo que necesitamos, tanto las bendiciones temporales como las espirituales, Dios desea alcanzar un propósito para beneficio nuestro. Quiere que sintamos cuánto dependemos de su cuidado constante, porque procura atraernos a una comunión íntima con él.
En esta comunión con Cristo, mediante la oración
y el estudio de las verdades grandes y preciosas de su Palabra, seremos
alimentados como almas con hambre; como almas sedientas seremos
refrescados en la fuente de la vida. (El discurso maestro de Jesucristo,
pág. 96). EJ 126
AUDIO.
https://youtu.be/xFTUE5Us-Yk
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