Los
hijos de Israel guardarán el sábado y lo celebrarán por sus generaciones, ellos
y sus descendientes, como alianza perpetua; será entre mí y ellos una señal
perpetua, pues en seis días hizo Yavé los cielos y la tierra, y el séptimo día
cesó en su obra y descansó. (Exo. 31:16-17, Versión de Nacar-Colunga).
En este texto se especifica que la observancia del sábado constituye una señal especial y distintiva entre el
pueblo de Dios y el pueblo del mundo. Este hecho impone sobre los
padres una tarea muy solemne: la obra de enseñar a sus hijos la
obediencia del mandamiento del sábado, para que puedan ser contados entre el pueblo
de Dios.
En Éxodo 19:4-8 leemos: "Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardarais mi pacto, vosotros
seréis mi especial tesoro sobre todos los
pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino
de sacerdotes. y gente santa. Estas
son las palabras que dirás a los hijos de Israel".
¡Qué maravillosa condescendencia! Dios ofrece hacer de los israelitas
un tesoro peculiar,
si obedecen su ley y glorifican su nombre.
Observemos la respuesta que le dieron a estas palabras: "Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado".
Los ancianos transmitieron toda esta instrucción a la gran multitud reunida. "Y todo el pueblo respondió a una,
y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés
refirió a Jehová las palabras del pueblo". (Manuscrito 152, 1901).
No podemos sobreestimar el valor de la fe sencilla y de la obediencia que no cuestiona.
El carácter se perfecciona cuando se camina por la senda de la obediencia con fe sencilla.
A Adán se le exigió una obediencia estricta a los mandamientos de Dios y a los
que desean la salvación actualmente no se les puede presentar una
norma inferior.
El Señor dice: "Y todo
lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre
sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Si
me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará
otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el
Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir…" (Juan
14:13-17).
El mundo está confabulado contra la
verdad, porque no desea obedecer la verdad. ¿Habría yo, quien
percibo la verdad, de cerrar mis ojos y mi corazón a su poder salvador, porque
el mundo elige la oscuridad en lugar de la luz? (Manuscrito 5a, 1895).
Los sagrados estatutos que Satanás ha odiado y ha tratado de destruir, serán
honrados en todo el universo inmaculado. (Patriarcas y profetas, pág. 355).
EJ 134
AUDIO.
https://youtu.be/WbMyXNJ4164
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