Acuérdate
del día de reposo para santificarlo. (Exo. 20:8).
En el corazón mismo del Decálogo se encuentra el cuarto
mandamiento, tal cual fue proclamado
originalmente:
Acuérdate del día sábado para
santificarlo. Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas que
hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu
Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu
esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan
en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la
tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y descansó el séptimo día. Por eso
el Señor bendijo y consagró el día de reposo. (Exo. 20:8-11NVI)
Cristo había abierto
la puerta, o ministerio, del lugar santísimo, la luz brillaba desde la puerta abierta del santuario
celestial, y se vio que el cuarto mandamiento estaba incluido en
la ley allí encerrada; lo que Dios había establecido, nadie podía
derribarlo. (El conflicto de los siglos, págs. 487-488).
Dios nos ha dado sus mandamientos, no sólo para que creamos en ellos, sino para que los acatemos. Cuando el gran Jehová echó los cimientos de la tierra y adornó al mundo entero con su manto de
belleza y lo llenó de cosas útiles al hombre; cuando hubo creado todas
las maravillas de la tierra y del mar, instituyó el sábado y lo santificó.
Dios bendijo y santificó el séptimo día porque había
descansado en él de toda su maravillosa obra de la creación.
El sábado fue hecho para el hombre, y Dios quiere que en ese día dejemos de lado
nuestro trabajo, así
como él descansó después de trabajar seis días en la creación.
Cuando a los que reverencian los mandamientos de Jehová se les haya dado la luz con referencia al cuarto precepto del Decálogo,
lo obedecerán sin averiguar la posibilidad o conveniencia de una obediencia tal. Dios hizo al hombre a su imagen, y luego le dio el
ejemplo al observar el séptimo día que había santificado. Ordenó que en aquel
día el hombre le adorara y no
se entregase a ninguna ocupación mundana.
Nadie que desprecie el cuarto mandamiento después de haber recibido luz acerca
de las exigencias del sábado, puede ser tenido por inocente
a la vista de Dios...
En
el mismo principio del cuarto precepto, Dios dijo:
"Acordarte has"-, sabiendo que el hombre, dada la multitud de
sus cuidados y perplejidades, se vería tentado a excusarse de satisfacer
plenamente los requisitos de la ley, o, en el apremio de los negocios
mundanales, se olvidaría de su importancia y santidad... Pero
[Dios] le pide un día, que él puso aparte y santificó. Lo da al
hombre como día en el cual pueda descansar de su trabajo y dedicarse
al culto y al mejoramiento de su condición espiritual. (Joyas de los
testimonios, t. 1, págs. 496-498). EJ 133
AUDIO. https://youtu.be/0QDGyaJz47E
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