Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda
tu
mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. (Mar. 12:30).
Vi que cualquier cosa que divida los afectos, o substraiga del
corazón algo del amor supremo que le debe a Dios, o impida una fe ilimitada y
una confianza total en él, asume el carácter de un ídolo y toma su forma.
Se me mostró el primer gran mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo
tu corazón, y con toda
tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas".
Aquí no se permite la
separación de nuestros afectos de Dios. Nada debe dividir nuestro amor supremo
por él, ni nuestro deleite en él. La voluntad, los deseos, planes, propósitos y
placeres, todos deben mantenerse bajo sujeción.
Usted Necesita Aprender Algo: exaltar al Señor Dios en su corazón, en su conversación, y en
todos sus actos; entonces Jesús le podrá enseñar y le podrá
ayudar, al echar su red al lado derecho del barco, a traerla hasta la playa
llena de pescado.
Pero sin la ayuda de Cristo al echar la red, usted podrá trabajar durante semanas, meses y años sin ver mucho fruto, como resultado de sus labores... Estúdiese a sí mismo. Ponga a prueba cada motivo... Esfuércese por revelar a Cristo. (Testimonies, t. 1, págs. 436-437).
Cuando uno queda completamente despojado del yo, cuando todo falso dios
es excluido del alma, el vacío es llenado por el influjo del Espíritu de Cristo.
El
tal tiene la fe que purifica el alma de la contaminación. Queda
conformado con el Espíritu, y obedece a las cosas del Espíritu. No
tiene confianza en sí mismo. Para él, Cristo es todo y está en todo.
Recibe con mansedumbre
la verdad que le es constantemente revelada, y da al Señor toda la gloria,
diciendo: "Dios nos reveló a nosotros por el Espíritu". "Y
nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de
Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado". (Obreros evangélicos,
pág. 304).
La voz que habló a Israel desde el Sinaí habla en estos tiempos a hombres
y mujeres diciendo: "No tendrás
dioses ajenos delante de mí" (Exo. 20:3).
La ley de Dios fue escrita por su propio dedo en tablas de
piedra, lo cual demuestra que nunca podría ser cambiada o
abrogada. Ha de estar en vigencia durante las edades eternas, tan
inmutablemente como los principios de su gobierno.
Los hombres han opuesto su voluntad a la voluntad de Dios, pero esto no puede acallar sus palabras de sabiduría y sus órdenes, aun cuando opongan sus teorías especulativas a las
enseñanzas de la revelación y exalten la sabiduría humana por encima
de un claro: "Así dice Jehová". (Consejos
para los maestros, pág. 23).
El
espíritu de mundanalidad puede contaminar a los muchos y
dominar a los pocos; puede ser que la causa de Dios se sostenga tan
sólo por gran esfuerzo y continuo sacrificio; pero al fin la
verdad triunfará gloriosamente. (Profetas y reyes, pág. 139). EJ137
AUDIO. https://youtu.be/-bzaAMkdCDw
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