Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis. (Sant. 2:8).
La norma para medir el carácter es la ley real. La ley es el
detector del pecado. El pecado se conoce por medio de ella. Pero el pecador es
atraído constantemente a Jesús mediante la manifestación extraordinaria de su
amor revelado en la humillación de sí mismo al morir una muerte vergonzosa
sobre la cruz. ¡Qué estudio es éste!
Los ángeles se han esforzado y han anhelado fervientemente comprender
este maravilloso misterio.
El hecho de que el
hombre, caído y engañado por Satanás, después de tomar el lado del enemigo
pueda ser conformado a la imagen del Hijo del Dios infinito, es un estudio
capaz de abrumar la inteligencia humana más elevada.
¡Que el hombre pueda
llegar a ser semejante a él; que, en virtud de la justicia de Cristo regalada
al hombre, Dios amara al ser humano -caído, pero redimido- como amó a su propio
Hijo! Léanlo
directamente de los oráculos vivientes.
Este es el misterio de la piedad. Este cuadro de valor superlativo debe colocarse en cada discurso,
colgarse en el salón de la memoria, expresado por los labios humanos, debe ser copiado por los seres
humanos que han trabajado y comprobado que el Señor es bueno, y se
debe meditar en él para que constituya el
fundamento de cada discurso...
El cristiano es el tipo más elevado de persona, porque es semejante a Cristo. Conoce sus debilidades y se aferra de la fuerza divina con un propósito ferviente y una fe viva, y sale victorioso. Su paz y su
regocijo son grandes, porque provienen del Señor, y nada puede ser más
aceptable a la vista de Dios que la humillación continua del
alma delante de él.
Estas evidencias son
pruebas inequívocas de que el Señor ha tocado los corazones mediante su Santo
Espíritu. El milagro operado en el hijo de Dios que lucha contra sus defectos
naturales y los vence, es más formidable que los milagros de sanidad física.
El universo de Dios lo observa con un
gozo mucho mayor que el que experimenta ante cualquier demostración exterior,
por espléndida que sea. El carácter interno se moldea de acuerdo con el Patrón
divino...
La consideración de Cristo como nuestra única fuente de
fortaleza, la evidencia de su amor incomparable al hacer que la culpa, Por los
pecados humanos fuera cargada a su cuenta y que su propia justicia le fuera
imputada al hombre, de ninguna manera elimina la ley ni disminuye en nada su
dignidad. En lugar de eso la coloca en un sitio donde la luz correcta brilla
sobre ella y la glorifica.
Esto sucede únicamente gracias a la luz que se refleja de la cruz del Calvario. La
ley se muestra completa Y plena en el grande plan de salvación únicamente
cuando se la presenta a la luz que brilla del Salvador crucificado
y resucitado.
Esto sólo se puede discernir
espiritualmente. Enciende en el corazón del espectador la fe ardiente,
la esperanza y el gozo de que Cristo es su justicia. Esta
alegría se reserva únicamente para los que aman y obedecen
las palabras de Jesús. las cuales son las palabras de Dios. (Manuscrito
24, 1888). EJ 145
AUDIO.
https://youtu.be/j6rn-9uhj6s
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