Y
se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví,
los
afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. (Mal. 3:3).
Este
es el procedimiento, el sistema de afinación y purificación que llevará a cabo
el Señor de los ejércitos. Es una tarea muy angustiosa para el alma, pero la
basura y las impurezas degradantes se pueden quitar únicamente mediante este
procedimiento.
Todas nuestras pruebas son necesarias para acercarnos a nuestro Padre celestial, en obediencia a su voluntad, para que le podamos traer al Señor una ofrenda en justicia. A cada uno de nosotros el Señor nos ha dotado con aptitudes y talentos que debemos perfeccionar.
Necesitamos una
experiencia nueva y viviente con la ley divina, si hemos de hacer la voluntad
de Dios. Ninguna cantidad de experiencia pasada bastará para el presente, ni
nos fortalecerá para vencer las dificultades en nuestro camino. Para salir
victoriosos es indispensable que obtengamos nueva gracia y fuerzas frescas cada
día.
Rara vez somos
colocados dos veces en la misma situación, en todo sentido. Para cumplir cierta
tarea, cada uno tiene su propia experiencia, única en naturaleza y
circunstancia. Dios tiene una tarea que cumplir, un propósito en la vida de
cada uno y de todos nosotros.
Cada acto, por pequeño que sea, tiene su lugar en la experiencia de nuestra vida.
Continuamente
necesitamos la luz y la experiencia que provienen de Dios.
Todos las necesitamos,
y Dios está más que dispuesto a concedérnoslas si tan sólo las queremos
recibir. Él no ha cerrado las ventanas de los cielos a nuestras oraciones, pero
hay quienes se han sentido satisfechos con pasar de largo sin recibir la ayuda
divina que tanto necesitan...
Hoy, como en ninguna otra época de nuestra vida, necesitamos
aprender de nuestro Maestro divino. Y mientras mayor sea la experiencia que
obtengamos, mientras más nos acerquemos a la pura luz del cielo, mejor
discerniremos dentro de nosotros lo que necesita reformarse.
Si procuráramos el consejo de Dios y siguiéramos adelante en obediencia
y fe, todos podríamos realizar una buena obra de bendición para los demás.
La senda de los justos es un camino progresivo, que va de
fuerza en fuerza, de gracia en gracia y de gloria en
gloria.
La iluminación divina aumentará cada vez más manteniéndose a un
paso que corresponda con nuestro movimiento de avance, y calificándonos para
confrontar las responsabilidades y emergencias que aparezcan delante de
nosotros.
La
verdadera piedad se difunde y se comunica. El salmista dice: "No encubrí
tu justicia dentro de mi corazón; he publicado tu fidelidad y tu salvación; no
oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea" (Sal. 40:10).
Dondequiera que esté el amor de Dios siempre habrá un deseo de expresarle.
Es difícil que
nosotros nos sometamos a la crucifixión del yo...
Es posible que seamos convertidos y transformados cabalmente, y que de veras seamos hijos de Dios, gozando no sólo del conocimiento de su verdad, sino conduciendo a otros, mediante nuestro ejemplo, por el mismo sendero de obediencia humilde y consagración.
(Review and
Herald, 22 de junio, 1886). EJ 171
AUDIO.
https://youtu.be/QFj_SH6a1Zg
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