Vino
una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. (Juan 4:7).
Nunca [Cristo] despreció a nadie por inútil, sino que procuraba
aplicar a toda alma su remedio curativo. Cualesquiera que fueran las personas
con quienes se encontrase, siempre sabía darles alguna lección adecuada al
tiempo y a las circunstancias.
Cada descuido o insulto del hombre para con el hombre le hacía sentir tanto
más la necesidad que la humanidad tenía de su simpatía divina y
humana.
Procuraba infundir
esperanza en los más rudos y en los que menos prometían, presentándoles la
seguridad de que podían llegar a ser sin tacha y sencillos, poseedores de un
carácter que los diera a conocer como hijos de Dios...
Aunque judío, Jesús
trataba libremente con los samaritanos, y despreciando las costumbres y los
prejuicios farisaicos de su nación, aceptaba la hospitalidad de aquel pueblo
despreciado.
Dormía bajo sus techos, comía a su mesa, compartiendo los
manjares preparados y servidos por sus manos, enseñaba en sus calles, y los
trataba con la mayor bondad y cortesía. Y al par que se ganaba sus corazones
por su humana simpatía, su gracia divina les llevaba la salvación que los
judíos rechazaban.
Cristo no despreciaba oportunidad alguna para proclamar el Evangelio de salvación. Escuchad las admirables palabras que dirigiera a la samaritana. Estaba sentado junto al pozo de Jacob, cuando vino la mujer a sacar agua. Con sorpresa de ella, Jesús le pidió un favor. "Dame de beber", le dijo.
Deseaba él beber algo
refrescante, y al mismo tiempo ofrecerle a ella el agua de vida. Dijo la mujer:
"¿Cómo tú, siendo Judío, me pides a mí de beber, que soy mujer Samaritana?
porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos".
Respondió Jesús: "Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice:
Dame de beber:
tú pedirías de él, y él te daría agua viva" (Juan 4:7-10)...
¡Cuán vivo interés manifestó Cristo en esta sola mujer! ¡Cuán
fervorosas y elocuentes fueron sus palabras! Al oírlas la mujer dejó el cántaro
y se fue a la ciudad para decir a sus amigos: "Venid, ved un hombre que me
ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?" Leemos que
"muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él…" (Juan
4:29,39).
¿Quién puede apreciar la influencia que semejantes palabras
ejercieron para la salvación de almas desde entonces hasta hoy?
Doquiera
hay corazones abiertos para recibir la verdad, Cristo está dispuesto a
enseñárselas, revelándoles al Padre y el servicio que agrada a Aquel que lee en
los corazones. Con los tales no se vale de parábolas, sino que, como a la mujer
junto al pozo, les dice claramente: "Yo soy, que hablo contigo".
(El ministerio de curación, págs. 16-18). EJ 178
AUDIO. https://youtu.be/JzPOh8OXpss
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