Porque el Hijo del
Hombre vino a buscar y a
salvar lo que se había perdido. (Luc. 19:10).
Aparece el Maestro designado por el Cielo, y no es otro personaje
que el Hijo del Dios infinito. Extiéndase
el pergamino y léase de él.
Moisés declaró a los hijos de Israel: "Y Jehová me dijo: han hablado bien en lo que han dicho.
Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca,
y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras
que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta"
(Deut. 18:17-19).
Esta es la predicción que anuncia la ilustre llegada. Sus palabras no debían
pasarse por alto; porque su autoridad era suprema
e invencible su poder.
Desenrollemos el pergamino un poco más, y leamos lo que dice Isaías acerca de su obra: "El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos
apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena
voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar
a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se
les de gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de
luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado, y
serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para
gloria suya" (Isa. 61:1-3)...
Nuevamente leemos acerca de Cristo como el futuro mensajero del pacto, y como el Sol
de
justicia que aún debía de salir. Los profetas hicieron de él su
tema primero y postrero...
Los judíos no lo recibieron a su llegada, porque se habían hecho una idea falsa acerca de la manera en que vendría. ¿Este Jesús, un aldeano y carpintero de origen oscuro, el Hijo de Dios, el Mesías?
¡No podía ser!
Pero en Cristo desaparecieron las peculiaridades que separaban a los judíos de las otras nacionalidades. El mismo se colocó en un lugar de donde pudiera impartir instrucción a toda clase de personas.
A menudo les dijo que estaba relacionado con toda la familia humana, judíos y gentiles.
"Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento" (Mat. 9:13).
Declaró. Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Para esto dejó a las noventa
y nueve; para esto se despojó de sus ropas reales, y veló su divinidad con la humanidad.
El mundo entero es el campo de trabajo de Cristo. En sus pensamientos
no entra una
esfera menor. (Signs of the Times, 24 de junio, 1897). EJ30
AUDIO. https://youtu.be/fS4RHgbqPAs
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