Envió el rey, y le soltó; El señor de los pueblos, y le dejó ir libre. Lo puso por señor de su casa, Y por gobernador de todas sus posesiones, Para que reprimiera a sus grandes como él quisiese, Y a sus ancianos enseñara sabiduría. (Sal. 105:20-22).
Desde el calabozo,
José fue exaltado a la posición de gobernante de toda la tierra de Egipto. Era
un puesto honorable; sin embargo, estaba lleno de dificultades y
riesgos. Uno no puede ocupar un puesto elevado sin exponerse al peligro.
Así como
la tempestad deja incólume a la humilde flor del valle mientras desarraiga al
majestuoso árbol de la cumbre de la montaña, así los que han mantenido su
integridad en la vida humilde pueden ser arrastrados al abismo por las
tentaciones que acosan al éxito y al honor mundanos.
Pero
el carácter de José soportó la
prueba tanto de la adversidad como de la prosperidad. Manifestó en el
palacio de Faraón la misma fidelidad hacia Dios que había demostrado en
su celda de prisionero.
Era aún extranjero en tierra
pagana, separado
de su parentela que adoraba a Dios; pero creía plenamente que la mano
divina había guiado sus pasos, y confiando siempre en Dios, cumplía
fielmente los deberes de su puesto.....
En sus primeros años había seguido el deber antes que su inclinación; y la integridad, la confianza sencilla y la disposición noble del joven fructificaron en las acciones del hombre.
Una vida sencilla y pura había favorecido el desarrollo vigoroso de las facultades tanto físicas como intelectuales. La comunión con Dios mediante sus obras y la contemplación de las grandes verdades confiadas a los herederos de la fe habían elevado y ennoblecido su naturaleza espiritual al ampliar y fortalecer su mente como ningún otro estudio pudo haberlo hecho.
La
atención fiel al deber en toda posición,
desde la más baja hasta la más elevada, había educado todas sus facultades para
el más alto servicio. El que vive de acuerdo con la voluntad del Creador
adquiere con ello el desarrollo más positivo y noble de su carácter...
Pocos se dan cuenta de la influencia de las cosas pequeñas de la vida en el desarrollo del carácter. Ninguna tarea que debamos cumplir es realmente pequeña. Las variadas circunstancias que
afrontamos día tras día están concebidas para probar nuestra
fidelidad, y han de capacitarnos para mayores responsabilidades.
Adhiriéndose a los principios rectos en las transacciones ordinarias de la vida, la mente se
acostumbra a mantener las demandas del deber por encima del placer y
de las inclinaciones propias. (Patriarcas y profetas, págs. 222-223).
Como escudo contra la tentación e inspiración para ser puros y sinceros, ninguna influencia puede igualar a la de la sensación de la presencia de Dios. "…Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta". (Heb. 4:13 VV). Él es "…de ojos demasiado puros para ver el mal…" (Hab. 1:13).
Este pensamiento fue el escudo de José en medio de las corrupciones de Egipto. Su respuesta a los atractivos de la tentación fue firme: "¿Cómo pues he de hacer esta gran maldad, y pecar contra Dios?" (Gén. 39:9). La fe, si es fomentada, dará ese escudo a toda alma. (La educación, pág. 249).
EJ 58
AUDIO.
https://youtu.be/w0mwjKPlzF8
No hay comentarios.:
Publicar un comentario