"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna" (Juan 3:16). Aquí las condiciones están establecidas claramente por Jesucristo, el Portador del pecado.
¿Cómo espera
usted tener una inclinación religiosa cuando decide deliberadamente ir en
contra de la palabra hablada por Jesucristo: "Mas buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mat.
6:33)?
Con el fin de ampliar
nuestros conceptos acerca de su condescendencia y beneficencia, Jesús
nos presenta un cuadro de juicio -la separación de los justos y los
injustos- y nos muestra cómo identifica sus intereses con la
humanidad sufriente.
Imparte su enseñanza
en el campo abierto, donde el ojo puede captar todas las hermosuras de la
naturaleza y observar las criaturas hechas por Dios: "Considerad
los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y
Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién
de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? Pues si no podéis
ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?" (Luc. 12:24-26).
Aquí se presenta definidamente el hecho de que el hombre depende de Dios para cada aliento que respira. El corazón que late, el pulso rítmico, cada nervio y cada músculo del organismo viviente, se mantienen activos y en orden mediante el poder de un Dios infinito.
"…Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué
beberemos, o qué vestiremos? Porque los
gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe
que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas"
(Mat. 6:28-33).
Aquí Cristo conduce a la mente al exterior para contemplar los
campos abiertos de la naturaleza,
y su poder toca los ojos y los sentidos para que puedan discernir las obras
extraordinarias del poder divino. Primero dirige los ojos a la
naturaleza, y luego, a través de ella, hacia el Dios de la
naturaleza, quien sostiene los mundos mediante su poder. Dirige
la atención hacia el capullo que se abre... Se preocupa de los
pajarillos. Ni siquiera un gorrión cae al suelo sin que lo note
vuestro Padre celestial...
Cristo representa la atención divina que se le concede a [varios elementos de] la creación que parecen muy insignificantes, y a los objetos de la naturaleza que sus propias manos han creado.
Cada
árbol majestuoso cada arbusto, cada flor que se abre, el lirio de
los campos, y la tierra cubierta con su manto -de vivo verdor, se
mantienen en orden y ocupan su tiempo y estación con el fin de
dar testimonio del amor de Dios para los seres humanos. (Manuscrito
73. 1893). EJ 66
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