…Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz. (Luc. 8:48).
Mientras se dirigía a la
casa del príncipe, Jesús había encontrado en la muchedumbre una
pobre mujer que durante doce años había estado sufriendo de una
enfermedad que hacía de su vida una carga.
Había gastado todos sus recursos en médicos y remedios,
con el único resultado de ser declarada incurable. Pero sus
esperanzas revivieron cuando oyó hablar de las curaciones de Cristo.
Estaba segura de que si podía
tan sólo ir a él, sería sanada... Había empezado a
desesperarse, cuando, mientras él se abría paso por entre la
multitud, llegó cerca de donde ella se encontraba.
Había llegado su áurea
oportunidad. ¡Se hallaba en presencia del gran Médico! Pero
entre la confusión no podía hablarle, ni lograr más que
vislumbrar de paso su figura.
Con temor de perder su única
oportunidad de alivio, se adelantó con esfuerzo, diciéndose: "Si
tocare tan solamente su vestido, seré salva". Y mientras él pasaba,
ella extendió la mano y alcanzó a tocar apenas el borde de su manto; pero
en aquel momento supo que había quedado sana.
En aquel toque se concentró la fe de su vida, e instantáneamente su dolor
y debilidad fueron
reemplazados por el vigor de la perfecta salud...
De
Repente Jesús,
se detuvo y la gente también hizo alto. JESÚS se dio
vuelta, y mirando en derredor preguntó con una voz que se oía
distintamente por encima de la confusión de la multitud: "¿Quién
es el que me ha tocado?"...
EL SALVADOR podía distinguir el
toque de la fe del contacto casual de la muchedumbre desprevenida. Una
confianza tal no debía pasar sin comentario. Él quería dirigir a
la humilde mujer palabras de consuelo que fuesen para ella un
manantial de gozo, palabras que fuesen una bendición para sus
discípulos hasta el fin del tiempo...
JESÚS insistió en saber quién
le había tocado. Hallando que era vano tratar de ocultarse, ella
se adelantó temblorosa, y se echó a los pies de Jesús. Con lágrimas
de agradecimiento, relató la historia de sus sufrimientos y cómo
había hallado alivio.
JESÚS le dijo amablemente:
"Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz"... No era mediante el
contacto exterior con él, sino por medio de la fe que se aferraba a
su poder divino, como se había realizado la curación...
No Es Suficiente Creer Acerca De Cristo; Debemos Creer En Él. La Única Fe que nos beneficiará es la que le acepta a él como Salvador personal; que nos pone en posesión de sus méritos. Muchos estiman que la fe es una opinión.
La Fe Salvadora, es una transacción por la cual, los que reciben a Cristo; se unen con Dios, mediante un pacto. La Fe genuina es vida. Una Fe Viva Significa un aumento de vigor, una confianza implícita por la cual, el alma llega a ser, una potencia vencedora. (El Deseado de todas las gentes, págs. 311-313).
EJ 80
AUDIO. https://youtu.be/KcfbBoNbR7s
No hay comentarios.:
Publicar un comentario