Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda
pobre echó más que todos los que han echado en el arca. (Mar. 12:43).
Jesús estaba en el atrio donde se hallaban los cofres del tesoro, y miraba a los
que venían para depositar sus donativos, Muchos de los ricos traían sumas
elevadas, que presentaban con gran ostentación. Jesús los miraba
tristemente, pero sin hacer comentario acerca de sus ingentes
ofrendas.
Luego su rostro se iluminó al ver
a una pobre viuda acercarse con vacilación, como temerosa de ser
observada. Mientras los ricos y altaneros pasaban para depositar sus
ofrendas, ella vacilaba como si no se atreviese a ir más adelante. Y,
sin embargo, anhelaba hacer algo, por poco que fuese, en favor de la
causa que amaba.
Miraba el donativo que tenía en la mano. Era muy pequeño en comparación con los que traían aquellos que la rodeaban, pero era todo lo que tenía. Aprovechando su oportunidad, echó
apresuradamente sus dos blancas y se dio vuelta para irse. Pero al
hacerlo, notó que la mirada de Jesús se
fijaba con fervor en ella.
El Salvador llamó a sí a sus discípulos. y les pidió que notasen
la pobreza de la viuda. Entonces sus palabras de elogio cayeron en los oídos de
ella: "De cierto os digo, que esta pobre viuda
echó más que todos". Lágrimas de gozo llenaron sus ojos al sentir
que su acto era comprendido y apreciado.
Muchos
le habrían aconsejado que guardase su pitanza para
su propio uso. Puesto en las manos de los bien alimentados
sacerdotes, se perdería de vista entre los muchos y costosos
donativos traídos a la tesorería.
Pero Jesús comprendía
el motivo de ella. Ella creía que el servicio del templo era
ordenado por Dios, y anhelaba hacer cuanto pudiese para sostenerlo. Hizo lo que pudo, y su acto había
de ser un monumento a su memoria para todos los tiempos, y su gozo
en la eternidad.
Su corazón acompañó a su donativo, cuyo valor se había de estimar, no por el de la
moneda, sino por el amor hacia Dios y el interés en su obra que había impulsado la acción...
Es el motivo lo que da
carácter a nuestros actos, marcándolos con ignominia o con alto
valor moral. No son las cosas grandes que todo ojo ve y que toda
lengua alaba lo que Dios tiene por más precioso.
Los pequeños deberes
cumplidos alegremente, los pequeños donativos dados sin ostentación, y
que a los ojos humanos pueden parecer sin valor, se destacan con
frecuencia más altamente a su vista.
Un corazón lleno de fe y de amor es más apreciable para Dios que el don más costoso...
Fue
este espíritu abnegado y esta fe infantil lo que mereció el
elogio del Salvador.
Entre
los pobres hay muchos que desean demostrar su gratitud a Dios por su
gracia y verdad... Permítaseles poner sus blancas en el banco del
cielo. Si las dan con corazón lleno de amor por Dios, estas aparentes
bagatelas, llegan a ser donativos consagrados, ofrendas inestimables
que Dios aprecia y bendice. (El Deseado de todas las gentes, págs. 566-567).
EJ 83
AUDIO.
https://youtu.be/FiDNpCkr8D0
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