…Mi Padre os da el verdadero pan del cielo. (Juan 6:32).
Somos bautizados en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
estos poderes grandes e infinitos se encuentran mancomunadamente
comprometidos a trabajar en nuestro favor, si tan solamente estamos
dispuestos a colaborar con ellos. En el bautismo somos sepultados
con Cristo como emblema de su muerte.
Al levantarnos del agua lo hacemos como un símbolo de su resurrección. Necesitamos vivir
como almas nacidas de nuevo, para que podamos ser resucitados en el último gran día.
De ese modo nos comprometemos a andar en novedad de vida; porque estamos muertos, y nuestra vida está
escondida con Cristo en Dios "Si, pues, habéis resucitado con
Cristo, buscad las cosas de arriba, donde esta Cristo sentado a la diestra de
Dios" (Col. 3:1).
Es allí donde usted debe colocar su tesoro. El hombre finito no puede creer
por usted.
Acuda a la gran fuente de poder para obtener sus fuerzas.
La oración de Cristo pronunciada a orillas del Jordán incluye a cada uno de los que creerían en él.
La promesa de que es acepto en
el Amado es para usted. Aférrese de ella con una fe inconmovible.
Dios dijo: "…Este es mi Hijo amado, en quien tengo
complacencia" (Mat. 3:17).
Esto significa que
Cristo ha abierto un camino través de la sombra oscura que Satanás ha
arrojado sobre su senda, por el cual usted puede llegar al trono del
Dios infinito. Él se ha asido de una fuerza todopoderosa y usted
ha sido aceptado en el Amado.
Se debe honrar a Dios en todo sentido, siendo participante de su naturaleza divina, para
tener la seguridad del perdón de los pecados, con lo cual se
pueda testificar acerca del amor de Dios. Pero en nuestra experiencia
no se observan la afabilidad ni la alegría que deberían haber.
Cristo dijo que si
permanecemos en él, nuestro gozo será completo. Participemos entonces
de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en
el mundo a causa de la concupiscencia.
Entonces, no echemos oprobio
sobre Cristo al vivir vidas inconsecuentes, terrenales y
sensuales. Elevémonos por encima de la atmósfera insalubre
que prevalece en él mundo, y respiremos el aliento de Dios. Alimentémonos
del pan de vida.
Cristo declara que,
si comemos su carne y bebemos su sangre, tendremos vida
eterna. Para nosotros su Palabra será como las hojas del árbol de
la vida, si creemos en Cristo como nuestro Salvador personal.
Si comemos el pan que
descendió del cielo, gozaremos de una conexión viviente con Dios. Haremos
que la eternidad entre en nuestros planes. Viviremos como si
estuviéramos en presencia de toda la hueste celestial. Los
ángeles nos vigilan y nos cuidan.
Dios nos ama, pero nosotros somos incapaces
de apreciar ese amor. Estamos perdiendo espiritualidad. Dios
desea que reconozcamos su propiedad en cada ser humano.
Él tiene sus posesiones. Son míos, declara. Los he comprado con un precio. "…No sois vuestros. ...glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Cor. 6:19-20).
¿Están dispuestos a hacer esto? ¿Orarán con fe?
¿Honrarán a Cristo al creer en su Palabra al pie de la letra?
(Manuscrito 144, 1901).
EJ 104
AUDIO. https://youtu.be/jtsatnNXE6Q
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