lunes, 6 de abril de 2026

06. EL PAN DE VIDA AVIVA LA NATURALEZA ESPIRITUAL. IV. EXALTAD A JESÚS “COMO EL PAN DE VIDA”

 

Este es el pan que desciende del cielo, para 

que el que de él come, no muera. (Juan 6:50).

Hay una gran necesidad de controlar el yo cuando nos sorprendemos 

tratando de sacar partido de los deslices de algún hermano, hermana, o amigo.

 Aunque no reconozcamos que el objeto de difamar a otros sea exaltar el yo, 

la autoexaltación es responsable por la práctica de hacer ver las faltas ajenas.

Que cada persona recuerde que es mejor mantenerse en guardia y trazar sendas 

rectas para sus propios pies, no sea que el cojo... sea apartado de su camino.

Ninguno de nosotros corre el riesgo de ser demasiado piadoso ni de poseer un carácter demasiado semejante al de Cristo. El remedio para la desemejanza a Cristo, por dar ocasión a que se hable mal del bien, consiste en vivir con humildad, en mantenerse mirando a Jesús en oración vigilante, hasta ser transformados a la semejanza de su hermoso carácter.

El alma no se puede satisfacer con fórmulas, máximas y tradiciones. El ruego del alma debe ser: Dadme el pan de vida; acercad una copa llena a mi naturaleza espiritual sedienta, para que pueda refrescarme y revivir; pero nadie se inmiscuya ni se interponga entre mi Redentor y yo.

Permítaseme verlo como mi ayudador, como el varón de dolores, experimentado en quebrantos. Tú, oh Señor, debes ser mi ayudador. fuiste herido por mis transgresiones, molido por mis pecados, el castigo de mi paz fue sobre ti, y por tu llaga fui curado.

Cristo fue crucificado por nuestros pecados, y se levantó del sepulcro abierto para 

nuestra justificación; y ha proclamado triunfalmente: "Yo soy la resurrección y la vida".

Jesús vive como nuestro intercesor para suplicar delante del Padre. Él ha llevado los pecados 

de todo el mundo, y no ha hecho de ningún hombre mortal un portador de pecados para otros.

Ninguna persona puede soportar el peso de sus propias transgresiones. El Crucificado 

las soportó todas y ningún alma que en él cree debe perecer, sino tener vida eterna.

Por su gracia, el discípulo de Cristo será capacitado para enfrentarse con cada prueba y dificultad mientras lucha por alcanzar la perfección del carácter. Al apartar su vista de Jesús hacia otra persona, 

o hacia otra cosa, a veces puede cometer errores; pero tan pronto como se le advierte del peligro, nuevamente fija sus ojos en Cristo, en quien se centra su esperanza de vida eterna; coloca sus pies en las huellas de su Señor y continúa viajando con seguridad.

Se regocija en decir: "Él es mi intercesor viviente delante de Dios. Oró en mi favor. Es mi abogado, y me viste con la perfección de su propia justicia. Eso es todo lo que necesito para soportar

la vergüenza y la crítica por causa de su amado nombre. Si me permite sufrir persecución, él me

 dará la gracia y el consuelo de su presencia, para que resulte en la glorificación de su nombre". 

(Review and Herald, 12 de mayo, 1896). EJ 105

AUDIO. https://youtu.be/lIY7TYPBPOk


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