sábado, 2 de mayo de 2026

02. LA LEY DE DIOS PERMANECE PARA SIEMPRE. V. EXALTAD A JESÚS “COMO EL LEGISLADOR DIVINO”

  

Las obras de sus manos son verdad y juicio; Fieles son todos 

sus mandamientos, afirmados eternamente y para siempre. 

(Sal. 111:7-8).

" Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo…", (Apoc. 11:19). El arca del pacto de Dios está en el lugar santísimo, en segundo departamento del santuario.

En el servicio del tabernáculo terrenal, que servía "de mera representación, y sombra de las cosas celestiales", este departamento sólo se abría en el gran día de la expiación para la purificación del santuario.

Por consiguiente, la proclamación de que el templo de Dios fue abierto en cielo y fue vista el arca de su pacto, indica que el lugar santísimo del santuario celestial fue abierto en 1844, cuando Cristo entró en él para consumar la obra fin de la expiación.

(En cumplimiento a la profecía de Daniel 8:14. …Hasta dos mil 

trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado).

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Los que por fe siguieron a su gran Sumo Sacerdote cuando dio principio a su ministerio en el lugar santísimo, contemplaron el arca de su pacto. Habiendo estudiado el asunto del santuario, llegaron a entender el cambio que se había realizado en el ministerio del Salvador, y vieron que éste estaba entonces oficiando como intercesor ante el arca de Dios, y ofrecía su sangre en favor de los pecadores.

El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía las dos tablas de piedra en que estaban inscritos los preceptos de la ley de Dios. El arca era un mero receptáculo de las tablas de la ley, y era esta ley divina la que le daba su valor y su carácter sagrado a aquélla. Cuando fue abierto el templo de Dios en el cielo, se vio el arca de su pacto.

En el lugar santísimo, en el santuario celestial, es donde se encuentra inviolablemente encerrada la ley divina -la ley promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra.

La ley de Dios que se encuentra en el santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta. 

Los que llegaron a comprender este punto importante fueron inducidos a reconocer el carácter sagrado e invariable de la ley divina. Comprendieron mejor que nunca la fuerza de las palabras del Salvador: "…Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mat. 5:18).

Como la ley de Dios es una revelación de su voluntad, un trasunto de su carácter, debe permanecer para siempre "como testigo fiel en el cielo". Ni un mandamiento ha sido anulado; ni un punto ni una tilde han sido cambiados.

Dice el salmista: "¡Hasta la eternidad, oh Jehová, tu palabra permanece en el cielo!" 

"Seguros son todos sus preceptos; establecidos para siempre jamás" Sal. 119:89; 111:7-8. 

(El conflicto de los siglos, págs. 486-487). EJ 131

AUDIO. https://youtu.be/aE93KdOKO60


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