Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios. (Eze. 20:19-20).
En ocasión del éxodo de Egipto, la institución del sábado fue
recordada al pueblo de Dios en forma destacada. Mientras estaba todavía en servidumbre, sus
capataces habían intentado obligarlo a trabajar en sábado aumentando la
cantidad de trabajo que exigían cada semana. Fueron haciendo cada vez más duras
las condiciones de trabajo y exigiendo cada vez más. Pero los israelitas fueron
librados de la esclavitud y llevados adonde pudieran observar sin molestias
todos los preceptos de Jehová.
La ley fue promulgada en el Sinaí; y una copia de ella, en dos tablas de piedra
"…escritas con el dedo de Dios", fue entregada a
Moisés (Exo. 31:18).
Durante casi cuarenta años de peregrinación, el día señalado por
Dios fue recordado constantemente a los israelitas por el hecho de que no había
maná cada séptimo día, y la doble porción que caía en el día de preparación se
conservaba milagrosamente.
Antes de entrar en la tierra prometida, los israelitas fueron exhortados
por Moisés a guardar "el día de reposo para santificarlo"
(Deut. 5:12).
El Señor quería que por una observancia fiel del mandamiento referente al sábado,
Israel recordase continuamente que era responsable ante él
como su Creador y Redentor.
Mientras observasen el sábado con el debido espíritu, no podría
haber idolatría, pero si se descartaban las exigencias de ese precepto del
Decálogo como si no estuviese en vigencia, el Creador quedaría olvidado, y los
hombres adorarían otros dioses.
Dios declaró: "Diles
también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen
que yo soy Jehová que los santifico". Sin embargo, "desecharon
mis derechos, y no anduvieron en mis ordenanzas, y mis sábados profanaron:
porque tras sus ídolos iba su corazón".
Y al suplicarles que volviesen a él,
les llamó la atención nuevamente a la importancia que tenía la santificación
del sábado. Dijo: "Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis
ordenanzas, y guardad mis derechos, y ponedlos por obra: y santificad mis
sábados, y sean por señal entre mí y vosotros para que sepáis que yo soy Jehová
vuestro Dios" (Eze. 20:12, 16, 19, 20)...
Durante su ministerio terrenal, Cristo recalcó la vigencia de lo ordenado acerca del sábado;
en toda su enseñanza manifestó reverencia hacia la institución que él mismo
había dado.
En su tiempo el sábado había quedado tan pervertido que su observancia reflejaba
el carácter de hombres egoístas y arbitrarios más bien que el carácter de Dios.
Cristo puso a un lado las falsas enseñanzas con que habían
calumniado a Dios los que aseveraban conocerle.
Aunque los rabinos le seguían con
implacable hostilidad, no aparentaba siquiera conformarse con sus
exigencias, sino que iba adelante observando el sábado según la ley
de Dios. (Profetas y reyes, págs. 134-136). EJ 132
AUDIO.
https://youtu.be/jtpLVTW1xWk
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