Pero
cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no
hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará
saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:13).
Antes de ofrecerse como víctima para el sacrificio, Cristo buscó
el don más esencial y completo que pudiese otorgar a sus seguidores, un don que
pusiese a su alcance los ilimitados recursos de la gracia.
"Yo rogaré al Padre -dijo-, y os dará otro Consolador, para
que esté con vosotros para siempre: El Espíritu de verdad, al cual el mundo no
puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: pero vosotros le conocéis; porque
mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a
vosotros" (Juan 14:16-18).
Antes de esto, el Espíritu había estado en el mundo; desde el
mismo principio de la obra de redención había estado moviendo los corazones
humanos. Pero mientras Cristo estaba en la tierra, los discípulos no habían
deseado otro ayudador. Y antes de verse privados de su presencia no sentirían
su necesidad del Espíritu, pero entonces vendría.
El Espíritu Santo es el representante de Cristo, pero despojado de la personalidad humana e independiente de ella. Estorbado por la humanidad, Cristo no podía estar en todo lugar personalmente.
Por lo tanto, convenía a sus discípulos que fuese al Padre
y enviase al Espíritu como su sucesor en la tierra.
Nadie podría entonces tener ventaja por su situación o su
contacto personal con Cristo. Por el Espíritu, el Salvador sería accesible a
todos. En este sentido, estaría más cerca de ellos que si no hubiese ascendido
a lo alto...
En
toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la
perspectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos y nos sentimos
impotentes y solos, se envía el Consolador en respuesta a la oración de fe.
Las circunstancias pueden separarnos de todo amigo terrenal, pero ninguna circunstancia ni distancia puede separarnos del Consolador celestial.
Dondequiera que estemos, dondequiera que vayamos, está siempre
a nuestra diestra para apoyarnos,
sostenernos y animarnos...
El Consolador es llamado el "Espíritu de verdad". Su obra consiste en definir y mantener la verdad. Primero mora en el corazón como el Espíritu de verdad, y así llega a ser el Consolador.
Hay consuelo y paz en la verdad, pero no se puede
hallar verdadera paz ni consuelo en la mentira.
Por medio de falsas teorías y tradiciones es como Satanás obtiene su poder sobre
la
mente. Induciendo a los hombres a adoptar normas falsas, tuerce el carácter.
Por medio de las Escrituras, el Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón. Así expone el error, y lo expulsa del alma. Por el Espíritu de verdad, obrando por la Palabra de Dios, es como Cristo subyuga a sí mismo a sus escogidos. (El Deseado de todas las gentes, págs. 622-625).
EJ 174
AUDIO. https://youtu.be/s4lCJbXhPzo
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