Jehová
se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla. (Isa.
42:21).
Si la ley se comprendiera separada de Cristo, tendría un poder aplastante sobre el ser humano pecador, eliminándolo de la existencia. Pero al comprender la ley en conexión con Cristo, recibiéndole a él por fe como su sustituto y seguridad, el hombre se ve a sí mismo como un prisionero de esperanza.
La verdad como es en Jesús consiste en conocer la ley de Dios, santa, justa
y buena, tal como en Cristo se la exalta y se muestra su inmutabilidad.
El magnificó la ley, ampliando cada uno de sus preceptos, y al obedecerla le dejó
un ejemplo al hombre, para que él también pudiera conformarse a sus demandas...
Las agonías del jardín
del Getsemaní, el insulto, la burla, el abuso, que se amontonaron sobre el
amado Hijo de Dios, los horrores y la ignominia de la crucifixión, constituyen
una demostración suficiente y conmovedora acerca de que la justicia de Dios, cuando
castiga, lo hace cabalmente.
El hecho de que Dios
no escatimara a su propio Hijo, la seguridad del hombre, constituye una
evidencia eternamente válida ante santos y pecadores, ante el universo de Dios,
de que tampoco excusará al transgresor de la ley.
Dios es amor. Dio
evidencia de ese amor en el don de su Hijo unigénito. Sin embargo, el amor de
Dios no excusa el pecado. Dios no excusó el pecado de Satanás, de Adán, ni de
Caín, ni lo excusará en ninguno de los hijos del hombre.
La
naturaleza pervertida del ser humano puede distorsionar el amor de Dios y
hacerlo aparecer un atributo de debilidad; pero la luz brilla desde la cruz del
Calvario para que el hombre pueda corregir sus conceptos y adoptar teorías que
no estén pervertidas.
Dios ha dado su ley para que rija la conducta de
las naciones, de las familias, y de los individuos.
No hay ni siquiera un obrador de iniquidad que pueda escapar a las denuncias
de esta ley, aunque su pecado sea el más insignificante y el más secreto.
Toda la obra del padre de mentiras está
registrada en los libros de reglamentos del cielo, y los que se prestan al
servicio de Satanás, para enseñar a los hombres sus mentiras por precepto y
práctica, recibirán conforme a sus obras.
Cada ofensa hecha contra Dios, por diminuta que sea, se anota en
los registros. Y cuando se esgrima la espada de la justicia, realizará la obra
que fue hecha contra el Divino Sufriente. Se hará justicia; porque el odio de
Dios por el pecado, es intenso e irresistible.
La verdad como es en
Jesús enseña lecciones de importancia vital. Demuestra que el amor de Dios es
amplio y profundo; que es infinito; y que será inflexible al determinar el
castigo de los desobedientes, es decir, de los que han hecho nula la ley de
Dios.
En esto se combinan el amor y la justicia
de Dios, quien se inclinó hasta las mismas profundidades de la miseria y la
degradación humanas, para rescatar a los caídos y oprimidos que se asen de la
verdad mediante el arrepentimiento y la fe en Jesús. (Review and Herald, 8
de febrero, 1898). EJ 153
AUDIO. https://youtu.be/Tjynfx45-3g
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